sábado, 2 de mayo de 2009

El Camino de Santiago por etapas: Etapa I

El pasado 23, 24, 25 y 26 de abril, Rosita, María, Ana, Miki, Juanqui y yo nos decidimos a emprender la aventura de recorrer el Camino de Santiago por etapas. Como no encontramos modo de tener el tiempo suficiente para recorrerlo entero de una sola vez, hemos decidido hacerlo por etapas según, vayamos disponiendo de días.

Roncesvalles-Zubiri (22 Kms):
Así, el día 23 de abril empezaron a andar en Roncesvalles. Y digo empezaron, porque yo no pude ir a la primera etapa por temas de trabajo. Menos mal que con O2 Aventura ya había hecho esa etapa este año y la doy por realizada.
Me reuní con ellos en la "Hostería de Zubiri", que había reservado Miki y que, por supuesto, nos costó un ojo de la cara (si es que no podemos dejar que el Mikiki se encargue de la logística, porque tiene un agujero en cada bolsillo...). En un principio la idea era no utilizar la red de albergues, pero viendo los precios del resto de alojamientos, rápido cambiamos de opinión.

Allí llegué yo con un macuto que no se lo salta un gitano y con unos 12 kilos de peso, pero que contenía lo que para mi era imprescindible para tres días. A pesar de todo, había tenido que prescindir de muchas cosas "sagradas", como mi libro de lectura. Pero, nada más llegar, me enteré (no sin cierto cabreo, la verdad) de que los capullos de Juanqui y Miki habían hablado de llevar siempre los coches y, por tanto, se habían llevado un macutito pequeño para andar, y otro de tres toneladas, en el que no faltaba de nada, para dejarlo en el coche que estuviera al final de cada etapa. No creo que quedara un familiar de ninguno de los dos de los que no me acordara, sobre todo porque había prescindido de mi querido libro de Stieg Larsson y porque iba a tener que andar todos los días con un macuto más grande que el portaaviones Nimits, por muchas cosas que le vaciara...
Como Juanqui venía tocado con su ojo y no podía realizar grandes esfuerzos (luego se lo pasaría todo por el arco del triunfo...) es por lo que habían decidido dejar un coche en el final de la etapa y otro en medio por si las moscas.

Zubiri-Pamplona-Cizur menor (27 Kms.):
Al tener que trasladar los coches de un sitio para otro, madrugábamos pero no nos cundía. Empezábamos a andar sobre las 9:30. La verdad es que mis compañeros acusaban los rigores y la dureza de la etapa anterior, pero también la edad: ¡la verdad es que están muy mayores...! Rosita arrastraba unas ampollas de no te menees debido a que se puso unos calcetines del año de la tana y más dados de sí que la Visa de Carpanta en un VIPS. Miki, que había visitado antes de la ruta al podólogo, a su quiropráctico, a su dietista, a su proctólogo y a Aramis Fuster (todo ello para llegar en buenas condiciones de andar) cojeaba desde el kilómetro 0,100 y juraba en Arameo todo lo que tenía a bien sacar por su boquita.
Anita, para qué contar, que habitualmente se mueve menos que mis ingresos por pagas extra, nada más ver el coche en el punto intermedio se tiró a él como si le fuera la vida en ello (casi pisándole el cuello a Juanqui para que no se lo quitara), se subió y no la volvimos a ver hasta Villava (ilustre pueblo de Miguel Indurain), lugar en el que comimos a orillas del río Ultzama.
La verdad es que nos vino de lujo, porque estábamos muertos de hambre y Anita se encargó de ir a comprar la comida mientras nosotros "sufríamos" con los masajes que nos dio la Rosita. ¡Es una maravilla que una amiga pierda el tiempo yendo a clases de masajes y de Reiki y que luego las quiera poner en práctica con sus congéneres... ¡casi gratis, porque aquí todo cuesta algo!
Por cierto, se me ha olvidado narrar una gran traición de mis compañeros de ruta: cuando llegas a un puente que hay un poco antes de Larrasoaña, que ahí se coge carretera y es muy feo, yo conocía un atajo por prados en la margen izquierda del río. Pues mis compañeros estuvieron a punto de no seguirme ¡porque no se fiaban de mi! Unos catalanes que conocimos en esa encrucijada sí que estuvieron a punto de seguirme y mis compañeros no. Ese grupo de catalanes, especialmente una catalana muy dicharachera, ya serían una constante en nuestro caminar diario.
Llegamos a Pamplona sobre las 6 de la tarde y mis compañeros parecía que venían del Vietnam: más que andar, se arrastraban como babosas. Entramos por la zona de la muralla y para salir de Pamplona es inevitable recorrer toda la parte vieja de la ciudad. Barajamos la posibilidad de buscar alojamiento allí, pero no nos convenció el albergue, ni los precios de los posibles hoteles. Tras varias discusiones (digo... puestas en común) decidimos ir al siguiente pueblo (Cizur menor) y alojarnos en el albergue. Como mi panda de paralíticos particular no andaba bien de fuerzas los cinco se metieron en el coche y yo me fui solo a Cizur menor, donde me reuní con ellos en el Albergue de Maribel. Je, je, curioso personaje esta Maribel. Os recomiendo que no os lo perdáis y que, si tenéis lo que hay que tener, le digáis que lleváis los pies llenos de ampollas y que os enseñe a ataros los cordones de las botas. ¡Ahí queda el reto para los valientes!
No me detendré a describir el cuchitril con el que nos obsequió Maribel, sólo comparable al de Cacabelos (aunque Mari no estaría de acuerdo con esta afirmación); sólo diré que hay equinos que descansan en lugares más dignos y lujosos. Pero esa no es la tónica dominante del albergue, que cuenta con unas buenas instalaciones, en general. Es que nosotros queríamos estar juntos y solos en una misma habitación y eso se paga...
Como creo que hemos batido todos los records paralímpicos del CDS (Camino de Santiago), en total unas 10 horas invertidas en esta etapa, cuando llegamos al albergue apenas teníamos tiempo de ducharnos, ir a cenar al restaurante de al lado (Asador el Tremendo) y llegar con el tiempo justo de entrar al albergue antes de que a las 10 Maribel lo cerrase a cal y canto. Por cierto, que el famoso Tremendo de verdad que lo es y que cada cual lo descubra por sus medios...
Eso sí, sin apenas tiempo para ducharnos y cambiarnos, cenar como los pavos y arrastrarse por las calle de cizur (sí, sí, arrastrarse, porque estos paralíticos apenas podían desplazarse, como las amebas) alguien sí que tuvo tiempo para esconder sacos de dormir, pijamas y otras barrabasadas de sátiro. Pero mis labios están sellados hasta el final de mis días... so pena que haya algún soborno de por medio.
Otro recuerdo que tardará en borrarse de mi memoria, por traumático, fue la lectura a la que me tuve que dedicar por las noches: debido a la traición de Miki y Juanqui no me llevé libro para leer por las noches. Así que lo único que cayó en mis manos fue un libro de Rosita sobre la energía personal, los karmas, el Reiki, terapias energéticas y no sé que palabrejas más. Tampoco puedo decir que me enterara muy bien de qué iba el maldito libro porque, era leer un par de párrafos y caía desmayado tal y como si me hubieran sumergido en cloroformo. Esa noche realicé un experimento científico y me puse a leer uno de los capítulos del libro (mentiría si dijera que sé cuál era) en voz alta: milagroso, en menos de seis líneas todos roncaban como bucéfalos en celo...
El tema de los ronquidos lo trataremos en otra ocasión porque:
a) soy un caballero.
b) levanta muchas ampollas.

Cizur menor-Puente la Reina (24 Kms.):
La famosa Maribel nos había dado la dirección de un albergue en Puente la Reina, pero no era necesario porque la Rosita lo conocía y a él nos dirigimos. No sin antes desayunar donde cenamos la noche anterior. Je, je, con el cuerpo librando una batalla a muerte con el café del susodicho establecimiento (que por supuesto ganó el café) nos pusimos en marcha para ver si lográbamos llegar a Puente la Reina antes del próximo Año Santo Jacobeo (sucede con una cadencia media de unos seis años).
Si el día anterior habíamos tenido un calor de pelotas, hoy hacía frío y soportamos un poco de chirimiri. Además, nos sonaba que la subida al Alto del Perdón era más dura de lo que en realidad fue e íbamos más cautos de lo necesario. El Alto del Perdón se encuentra a unos 10 kms. de Pamplona por lo que, por lo menos, ya te ha dado tiempo a calentar.
Como llovía y estábamos muertos de hambre, paramos a comer en el albergue de peregrinos de Uterga, que se llama Camino del Perdón. Ponía que tenían menús, pero no daban. Tras luchar denodadamente con los giris por una mesa, nos zampamos unos bocatas que intentó saltárselos un gitano y se metió una leche de impresión... Por supuesto, Miki tuvo que meterse en vena sus dos cervezas de rigor o si no se ponía verde y se negaba a andar.
Y como no somos chulos ni na, y como nos sobraban las fuerzas, en el siguiente pueblo, Muruzábal, decidimos desviarnos 2 kms. para ver la famosa iglesia románica de Santa María de Eunate. No sé cómo lo hicimos, pero el desvío resultó ser de casi 4 kms. Juanqui y Anita fueron en coche desde Uterga, pues el primero estaba algo fatigado y la segunda hecha una vaga de impresión... También la espiritualidad del lugar impregnó a Miki (bueno, más bien el demonio) pues se debió meter en su interior, le puso verde y estuvo más de media hora despotricando y dándonos un sermón que para sí quisiera el Rouco Varela... A partir de ese momento una consigna corrió por todo el grupo: "jamás mencionar delante de Miki la palabra autocaravana".
Aunque el Camino Francés no pasa por allí, sí el Camino Aragonés, confluyendo ambos en Obanos. Así que decidimos tomar el camino Aragonés hasta ese pueblo y luego ya a Puente la Reina por la ruta común.
Cuando llegamos a destino, Juanqui (que había dejado el coche en la iglesia y se había unido al grupo, con Anita incluida) y yo decidimos acercarnos a un Hotel que habíamos visto con anterioridad y que tenía una pinta brutal. Queríamos darle una sorpresa a Miki y que durmiera esa noche en una camita como Dios manda y con un cenorrio en condiciones. Pero cuando nos acercamos a la Recepción del Hotel y vimos que para pagar un tío se estaba abriendo el bajo vientre para sacarse un riñón y otro había dejado ya su globo ocular junto a la Visa platino, decidimos darnos la vuelta tal y como si anduviéramos despistados y hubiéramos llegado allí buscando la tienda de chuches...
Total, que en vez de buenas noticias para Miki, que por entonces ya le llevábamos verde chillón y en parihuelas, tuvimos que decirle que tenía que atravesarse todo el pueblo (que no es pequeño precisamente) y luego subir una peazo cuesta de casi medio kilómetro, que la última vez que intentó subirla de la Cuadra Salcedo le tuvieron que ingresar en la unidad de parapléjicos de Toledo.
No he visto jurar en Arameo tanto en mi vida, ni proferir tantas amenazas como esa tarde, pero el caso es que a rastras logramos llevarle al Albergue Santiago Apostol.
El responsable del albergue, José Luis, resultó ser un tío muy enrrollado y me quedé con él por la noche para ver el partido Valencia-Barça. Me resultó increíble encontrar a un tío que hablara más que yo, pero esa es otra historia...
El Albergue estaba en obras y va a quedar muy bien, incluso con habitaciones dobles para el que quiera un poquito más de confort e intimidad y, para estar juntos, nos quedamos en la zona de obras. Como siempre, me tocó con Juanqui ir a recoger los coches por lo que me perdí el masaje en los pies de la Rosita. Bueno, la verdad es que se me coló la Anita, cosa que nunca le perdonaré. Lo que no entiendo es cómo se lo monta la Mari, que siempre es la que se lleva el primer masaje y además de media hora. ¡Claro, luego ya no hay tiempo para los demás...!
Metiéndole agujas entre las uñas y poniéndole unos hierros incandescentes en los pezones conseguimos convencer a Miki de que bajara con nosotros a cenar al pueblo (por supuesto, en coche). ¡Nueva cagada! La verdad es que casi no hemos conseguido comer bien ningún día. Eso es por que no dejamos que elija el Mikiki.
No puedo pasar por alto este detalle, pero una nueva consigna se impuso en el grupo: "siempre que haya alguien mirando, se debe hacer un esfuerzo sobrehumano para que no se note que somos una panda de paralíticos". Así, veías al grupo gruñendo como morlacos cada vez que hacían el más mínimo movimiento al andar (bueno, al desplazarse, eso no era andar); pero si entrábamos a un restaurante o nos topábamos con algún lugareño todos erguíamos el cuerpo, poníamos la mirada más firme y orgullosa e intentábamos mover nuestras extremidades intentando que mostraran un movimiento armonioso y digno... La verdad es que el resultado devenía patético y que no hemos engañado a nadie, más que a nosotros mismos...
Nueva noche de perros leyendo el libro de Rosita, después de ver el partido con José Luis, y a dormir exactamente después de haber leído dos párrafos.

Puente la Reina-Estella (24 Kms.):
Desayuno en el albergue (los más tardones se quedaron sin pan para las tostadas), pero esta vez sin la jodienda de dejar coches por el camino pues el de Juanqui lo dejamos ayer por la tarde en Estella y hoy no hay coche en ningún sitio intermedio.
Me he propuesto que lleguemos a comer a Estella (creo que misión imposible a pesar de que hemos madrugado como nunca), pero hoy el día es el peor con diferencia. A los pocos kilómetros de salir nos encontramos con que la ruta debe subir un abrupto barranco que está totalmente embarrado. Pero es el barro ventosa asqueroso que no te deja caminar y, para colmo, ayudando a Anita (que se ha dejado los malditos bastones en el coche) me caigo al barro convirtiéndome en un patético pastelillo de chocolate. La verdad es que el barro no nos abandonó en todo el día y convirtió la ruta en una pesadilla.
En Lorca, ya bastante cansados, paramos a tomar una limonada y un bocata de tortilla. Todos menos Miki, que se bebió sus dos cervezas de rigor antes de ser presa del síndrome verde de abstinencia. Allí conocimos al "hombre blanco de Ariel" (según Juanqui), que nos estuvo contando sus batallitas de cuando con sus Cipallos se fue andando hasta ya no me acuerdo donde, pero debía estar muy lejos porque vino muy sucio y estropeado...
Más muertos que vivos hicimos nuestra entrada triunfal en Estella, ¡¡con Anita encabezando el grupo explorador. Increíble!!
En la preciosa iglesia del Santo Sepulcro nos paramos a esperar y dimos por terminada la primera etapa de este peculiar peregrinaje por el CDS.
Como el hombre es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra fuimos a recoger el coche de Juanqui (lo que despotricó el Miki porque lo dejamos a más de un kilómetro de la iglesia...) y luego nos fuimos a recoger el mío a Puente la Reina y luego el de Miki y Mari a Cizur menor. Pues no contentos con las experiencias anteriores volvimos a comer en el ínclito Asador el Tremendo que, de asador tiene poco y de Tremendo casi todo... pero malo.
No voy a contar nada de la vuelta, porque en realidad no hemos vuelto y estamos esperando como locos la Etapa II. ¡A ver si logramos ponernos de acuerdo en las fechas y llevamos un andar más digno!

4 comentarios:

Ire and Silence dijo...

Mmmm, Camino de Santiago. En cuanto tenga un huequín lo leo tranquilamente :)

Mañana voy a Cinco Lagunas con un amigo, en Gredos. Por fin conoceré una de mis rutas -de las famosas y más archoconocidas- pendientes.

Te paso mi mail, para mandarnos correos y hablar más íntimamente, vaya.
Allí también te pasaré mi móvil y cuando salga cosas de éstas, podremos coincidir en más de una, ya verás :)


Besitos, y luego vuelvo a entrar por aquí si se me permite la entrada jejeje.

Ire and Silence dijo...

Se me olvidó ponerte el mail: gothic_metal513@yahoo.es
Mándame un mail y así tengo yo también el tuyo.

Y quise decir: archiconocidas, que lo escribí mal...


Ciaoooou.

Alioth dijo...

¡Hola Fran! Como siempre haces que me desternille de risa. He disfrutado cosa mala leyendo tu crónica sobre vuestra primera etapa. Vamos, que ya tengo ganas de que nos narres la segunda parte. Te mando un fuerte abrazo, Esther.

Franloksli dijo...

Gracias, Esther... Al final sí que ha salido tu comentario. Tú has creído que no, pero esta máquina infernal te ha dejado.
Yo también tengo ganas de hacer la segunda parte, pero más me gustaría que Javilín y tú os vinierais. Así aumentaríamos la panda de paralíticos.
Te mando un beso muy fuerte.