domingo, 29 de marzo de 2009

La Crisis 2

Ya sabéis mi opinión sobre la Crisis y cómo estoy dispuesto a sobrevivir a ella y a combatirla por todos los medios.

Mi amiga Pepy me ha enviado por correo esta historia y me ha parecido oportuno trasladárosla para que meditemos un poco. ¡Ya está bien de mieditos y vamos a arremangarnos y a ponernos a trabajar!


Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora mayor que tiene dos hijos, uno de 19 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta:
-Es cierto, pero me he quedado preocupado de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, feliz con su peso y le dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Porque no pudo hacer una carambola sencillísima, según él preocupado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Y su madre le dice:
-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
Una pariente que estaba oyendo esto y va a comprar carne, le dice al carnicero:
-Deme un kilo de carne.
Y en el momento que la está cortando, le dice:
-Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice:
-Mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas. Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos...
Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.
Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde alguien dice:
-¿Se han dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
Sin embargo, dice uno:
-A esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.
-Sí, pero no tanto calor como hoy.
Al pueblo en estado de alerta, y a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.
-Pero señores-, dice uno, -siempre ha habido pajaritos que bajan aquí.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho-, grita uno. -Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen:
-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa-, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra y, en medio de ellos, la señora que tuvo el presagio le dice a su hijo, que está a su lado:
-¿Viste, mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?

Por Gabriel García Márquez



Esto es lo que en sociología llaman "la profecía autocumplida" o "el efecto Pigmalión".

Por eso:

· No hagas caso del rumor.

· No seas un instrumento para crear el caos.

· Lo negativo atrae a lo negativo.

· Sé POSITIVO.

· Tratemos de construir con visión de futuro y no de destruir lo que tenemos.

"SI SEGUIMOS HABLANDO Y PENSANDO EN LA CRISIS,
INDUDABLEMENTE ÉSTA SE HARÁ MÁS FUERTE"

No se trata de hacer caso omiso a una realidad existente y por demás conocida, es simplemente darle la importancia que tiene y buscar las herramientas que nos permitan hacerle frente a la adversidad, pensando con buena voluntad y sobre todo con honorabilidad, haciendo las cosas como deben ser hechas, dejando de lado el egoísmo propio de nuestra especie y pensando en el bien común.

No hay esfuerzo que no sea recompensado

jueves, 26 de marzo de 2009

Víctor, simplemente.

Ayer por la noche me llamó mi padre para decirme que Víctor había muerto. Cansado ya de luchar, había decidido abandonar y moría tranquilamente en el hospital de Móstoles, acompañado de su fiel compañera Aurora.
No hacen falta apellidos (no los recuerdo), ni fechas de nacimiento (tampoco la recuerdo) para querer a una persona y conservar su recuerdo el resto de tu vida.
Víctor solía decir que hacía muchos años que "vivía de prestado" y que no tenía miedo a morir. Desde pequeño padecía una enfermedad degenerativa muy rara (si intentara pronunciarla se me anudaría la lengua y moriría) por la que los médicos le dijeron que no pasaría de los treinta y tantos años. Ha muerto con más de sesenta. De ahí que dijera que hacía 30 años que vivía de prestado.
No era raro verle moviéndose por la urbanización con su silla de ruedas a motor (sólo la tuvo los últimos años) con una sonrisa en la boca y sin quejarse, a pesar de que cada vez tenía más dolores y que en ocasiones no podía respirar. Su enfermedad le atrofiaba todos los músculos de su cuerpo y eso incluye los pulmones. Dependía de una máquina de respiración asistida a la que tenía que "enchufarse" varias veces al día. Y, sin embargo, Víctor siempre tenía tiempo para preocuparse por todos (más que por él) y un humor que ya quisiéramos los que lo tenemos todo y no nos duele nada.
Para mi siempre fue un ejemplo y una persona muy querida, a pesar de que realmente es íntimo amigo de mis padres y yo no he tenido una relación profunda con él.
Pero hay personas que irradian un aura positiva y especial, que desprenden una energía positiva que te contagia. Y Víctor era una de esas personas...
Por eso, en esta especie de diario mío, tiene que haber un hueco especial para Víctor, igual que lo tiene en mi corazón.
No le conocisteis, ¡qué pena!, pero aún así os ruego sólo un segundo de vuestro tiempo en su memoria.
Víctor, te quiero. Descansa en paz.

Vuelve a enamorarte de ella...

Quizá, si nos volviéramos a enamorar de ella, como la primera vez, como cuando teníamos ilusiones y la amargura y el pesimismo no tenían cabida; como cuando sentíamos mariposas en el estómago sólo con verla y nos deleitábamos con cada uno de sus detalles; como cuando era más importante estar con ella, sentir con ella, crecer con ella y a su lado que el resto de cosas materiales; entonces, sólo entonces, digo, ella tendría futuro y nosotros también. Y lo que es más importante, seríamos más felices y humanos...


video

domingo, 22 de marzo de 2009

Peña Cebollera Vieja con los Trotamontes

(Si queréis realizar esta excursión podéis ver toda su descripción y características en el siguiente enlace: http://trotamontes.org/cebolleravieja.htm

Peña Cebollera, Cebollera Vieja o Pico de las Tres Provincias es una cumbre montañosa de 2.129 metros de altitud situada en el extremo de los cordales principal y occidental de la sierra de Ayllón, en el Sistema Central español, y es límite entre las provincias de Madrid, Guadalajara y Segovia, señalizado este hecho con un monolito en la cima. Consta de un pico principal y de sus consecuentes subsidiarios, entre los que destacan la peña de los Abantos (2.124 m.) y el cerro del recuenco (2.084 m.). Destaca también la sierra cebollera, el cordal que se extiende desde el pico hacia el sur hasta la Cebollera nueva (1.834 m.) por la cabeza del Tempraniego (2.071 m.), el coto de Montejo (2.047 m.) y el alto de la fuente de Cabezuelas (1.885 m.).

En sus estribaciones nacen los ríos Jarama, al sur, y Duratón, al oeste. Robles, encinas y pinos se encuentran en la zonas más bajas de sus faldas además de encontrarse, excepcionalmente, en la falda sur del cordal, Jarama abajo, el hayedo de Montejo y, en la falda oeste, el abedular de somosierra.

Por el este, tras la amenaza que suponía la posible instalación de una base militar en la cumbre del pico del Lobo hasta que en 2004 dejó de ser zona de interés estratégico-militar, el 8 de noviembre de 2005 el Consejo de Gobierno de laJ unta de Comunidades de Castilla La Mancha por Decreto declaró su protección natural mediante la creación de la Reserva Natural del Macizo del Lobo-Cebollera, que se extiende por el cordal que une la peña Cebollera y el Lobo en una zona natural prácticamente virgen.

Después de esta breve introducción, para situarnos, os cuento lo que dio de sí la excursión de Trotamontes del pasado 16 de marzo de 2.009 al pico Peña Cebollera Vieja.

Como ya llevo tres excursiones con ellos ya os puedo contar más cosas de mis nuevos amigos: lo primero, las excursiones siempre son en lunes por un motivo muy sencillo. Desde los orígenes en que Carlos Matesanz fundó Trotamontes, ha imperado un espíritu democrático que funciona de la siguiente manera: se somete a votación una cuestión, por ejemplo el día en que se hacen las rutas. La votación arroja los siguientes resultados: de los 27 asistentes a la reunión, 26 votan a favor de los martes y Carlos a favor de los lunes. Así, por unanimidad del Presidente se acuerda que las rutas sean los lunes. En las rutas se funciona de la misma manera: 37 queremos tirar por la derecha y, habitualmente, Carlos decide tirar por la izquierda, para que no nos malacostumbremos. Aunque esta norma no rige en el momento de atrochar, que es cuando Lucas y Ángel toman la iniciativa y pulverizan en un momento la ruta que Carlos se ha tirado tres semanas preparando. Oto dato importante es que Rosa y Zoltan no suelen participar de las votaciones porque, cuando éstas se producen, ellos suelen ir 6 ó 7 kilómetros por delante del grupo.
Como podéis ver un grupo cohesionado, democrático y totalmente disciplinado…

Así, el lunes 16 de marzo nos dimos cita en el pueblo de Somosierra, Rosa, Carlos, Lucas, Ángel, Zoltan, Juan Carlos y el que suscribe. Hechas las presentaciones oportunas (yo no conocía ni a Juan Carlos, ni a Zoltan) descendimos un pequeño tramo de carretera para coger la pista que nos llevaría hasta nuestro destino: pico peña Cebollera Vieja o pico de las tres provincias. Antes, siguiendo instrucciones de nuestro líder y Director, Carlos, habíamos dejado en los coches crampones, piolets, getres, etc., pues no esperábamos nieve.
Como de costumbre, Rosa metió la directa (Juan Carlos y yo intentamos seguirla) y en menos de dos kilómetros ya habíamos perdido al grupo. Pero con perdido no quiero decir que los dejábamos atrás, no. Con “perdido” quiero decir que nos perdimos de verdad, que ellos tiraron por un sitio (decidieron ir a ver una cascada muy bonita) y nosotros por otro. No pasa nada, 103 gritos después y varias veredas y trochas recorridas a cascaporro nos llevaron con nuestros compañeros. La verdad es que luego pasaríamos por las cascadas otras nueve veces, pero esa ya es otra historia…

Una subida espeluznante, que tardaré en olvidar, nos llevó a nuestra meta (2.129 metros). Pero no sería justo si no explicara que, a unos 400 metros de desnivel de la cima, apareció tanta nieve que ni Juanito Oiarzabal, llevando como mochilero a Raymond Messner, habrían subido por allí. Y dónde estaban nuestros crampones, getres y demás… (je, je, no meteré más el dedo en la llaga).
Pero es lo que tiene la cabezonería de los Trotamontes: como se diga que se sube, se sube, caiga quien caiga (de eso suelen encargarse Rosa, Zoltan y Lucas).
De lo que pasó después de hacer cima apenas conservo un borroso recuerdo: fueron tantas las atrochadas por nieve, las vueltas que nos dio Rosa por toda la Sierra de Ayllón, que no logro hacerme una idea de por dónde nos movimos. Me vienen a la cabeza imágenes descendiendo un barranco porque Zoltan se encaprichó de andar cerca de un riachuelo y otras de Carlos, Ángel, Lucas y Juan Carlos increpándonos desde lo alto de una roca por locos.

El caso es que no creo que haya otra parte de España con más kilómetros de caminos bien marcados y claritos de los que creo que no tomamos ninguno. Para muestra os dejo el “track” de la ruta que hicimos. Si os fijáis con atención veréis los caminos y nuestra ruta que no coge ninguno de ellos.
Eso sí, comimos como reyes con los pies metiditos en una poza preciosa, pasamos un día estupendo y, lo mejor, Rosa se estiró invitándonos a unos cafés para celebrar su reciente nombramiento Trotamontero.
Sólo una cosa no quedó clara: yo, que llevaba un GPS de última generación, conectado a 12 satélites americanos y al español, con contador Geyger marca “Acme” de metros y milímetros, aseguraba que hicimos 18 kilómetros. Nuestro Director, Carlos, que se chupó en tres ocasiones el dedo y lo alzó al viento de poniente y mató dos conejos para leer en sus entrañas, aseguraba al final que apenas habíamos andado 15. ¿Quién creéis que tiene razón?

viernes, 20 de marzo de 2009

IÑAKI OCHOA DE OLZA

Ha pasado casi un año, lo sé. Pero entonces no tenía mi Blog y llevé en mi interior el más profundo dolor por la muerte de Iñaki Ochoa de Olza. No, ni siquiera le conocía. No es preciso conocer a las personas para admirarlas. Por ejemplo, la muerte del deportista Fernando Martín me dolió como si hubiese muerto un hermano mío. Fui a despedirme de él al entonces Pabellón del Real Madrid en la Castellana (creo que me acompañó mi fiel amigo Jesu) y hasta el día de hoy me acompaña su recuerdo.
De Iñaki Ochoa de Olza apenas sabía nada. Sólo referencias de artículos sobre alpinismo, colaboraciones en "Al filo de lo imposible", del injustamente tratado por TVE Sebastián Álvaro y poco más. Pero los intensos días de noticias sobre la gravedad de su situación en el Annapurna me hicieron profundizar en su vida y descubrir un ser humano excepcional.
"El 23 de mayo de 2.008 fallecía Iñaki a 7.400 metros de altura, en la arista este del Annapurna, víctima de una dolencia cerebral, combinada con un edema pulmonar. Más allá de su pérdida irreparable, el rescate de Iñaki quedará como una de las demostraciones de compromiso y humanidad más puras que quepa recordar." (Revista CAMPO BASE nº 53 - Julio 2.008)

Np voy a escribir aquí una biografía de este excelente ser humano y alpinista: sólo es mi pequeño homenaje a una persona a la que admiro y a la que desearía parecerme. Os adjunto tres noticias aparecidas en la revista CAMPO BASE sobre Iñaki y os dejo la oración que escribió su padre a Iñaki, al enterarse de su muerte:

ORACIÓN AL JOVEN IÑAKI
(Por Iñaki Ochoa de Olza Sanz)

Te doy gracias señor
porque en los pactos del destino
le reservaste a Iñaki trozos limpios
sin mancha cierta, o mínima,
sin secuestros de nadie,
sin cerviz agachada,
ni miseria deforme
.

Ha volado muy lejos
donde nunca habrá pájaros
y no cabe deshonor, si no es mentira.


Su amable amor amante
siempre buscó entre lo certero,
entre lo justo y lo viviente,
nunca cedió de sí, ni obligó a otro.


Obra maestra este hombre,
este hijo, libre de malos daños y catervas,
fortificado en cumbres de ámbar y respeto,
no dio a la desventura opción más llana
que morir fuera de catálogo.


Quédense a medias todas las cantidades de la vida;
mejor así: pues todo fue tan bueno,
fuera peor haber probado
cualquier migaja de los daños sucios
que esparce el mundo a ciegas.


Quien te mató devastó nuestro refugio,
moriremos de llanto igual que asesinados
pero es dulce no saber del asesino.


Así sea.

IÑAKI OCHOA DE OLZA


Miércoles, 21 de Mayo de 2008
Iñaki Ochoa sigue en el Campo 4 en estado grave


Según afirma el Diario de Navarra, el montañero navarro Iñaki Ochoa de Olza sigue vivo, aunque en estado grave, en el campo 4 del Annapurna, a 7.400 metros de altitud. Se encuentra acompañado por el rumano Horia Colibasanu, compañero de expedición y quien está asistiéndole en todo momento. Iñaki se encuentra aún en estado de semiinconsciencia, lo que le imposibilita el caminar por si solo. El tercer miembro de la expedición, el ruso Alexei Molotov, de quien no se sabía nada desde el pasado lunes, desciende desde el campo 4 hasta el campo 3 aquejado al parecer de edema pulmonar.
A la delicada situación a la que se enfrenta Iñaki, hay que sumarle las dificultades ocasionadas por las adversas condiciones climatológicas que se están dando en la zona, y la circunstancia de que se agotaron las baterías de los teléfonos satélites, imposibilitando toda comunicación con el exterior.
Sin embargo, mientras Iñaki y Horia esperan en el campo 4, la respuesta del mundo de la montaña ante este incidente ha sido inmediata. La solidaridad existente en la montaña quedó patente cuando a las pocas horas de conocerse la noticia dos de los montañeros más en forma del panorama actual, los suizos Ueli Steck y Simon Anthamatten, no dudaron ni un instante y se lanzaron inmediatamente al rescate desde el campo base para dormir en la pared y tratar de encontrar al navarro, al rumano y al ruso.
Ueli y Simon son dos montañeros con gran experiencia, perfectamente aclimatados (acaban de abrir una ruta en la cara norte del Tengkangpoche) y que se encontraban también en la cara sur al renunciar a la norte por el riesgo de aludes.
En paralelo a esa iniciativa, el ruso Sergei Bogomolov -líder de la expedición rusa que compartió campo base con Ochoa de Olza hasta hace apenas una semana, y en la que estaba integrado Molotov- organizó otro pequeño grupo de rescate pese a estar ya en Katmandú.
Igualmente, el canadiense Don Bowie -integrante inicial de la expedición de Ochoa de Olza y Horia Colibasanu- se brindó también a colaborar. De hecho, preveía desplazarse hoy mismo en helicóptero desde la localidad de Pokhara al campo base.

Fuente: Diario de Navarra
Foto: Colibasanu y Ochoa de Olza, en el campo base de la cara sur del Annapurna a los pocos días de haber llegado el pasado marzo.
Autor foto: NAVARRA8000.COM

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Viernes, 23 de Mayo de 2008
El rescate 'soñado' de Iñaki Ochoa


“No me hago ilusiones. Si algún día me da un mal por ahí arriba, allí me quedaré”. Iñaki Ochoa de Olza siempre habla claro, sobre todo a sus allegados, a los que nunca ha pretendido engañar acerca de su vida de himalayista. Treinta expediciones después, el navarro está donde nunca quiso estar: en manos de un pequeño grupo de rescate. Del mejor grupo de rescate. El lunes, un dentista rumano de nombre Horia Colibasanu sollozaba en el interior de una tienda de campaña, a 7.400 metros, sosteniendo en sus manos un recipiente con sopa, implorando, lejos de todo, desesperado. Tendido en la tienda, Iñaki seguía semiinconsciente: en cuestión de segundos había pasado de hablar por teléfono con su familia a desplomarse entre vómitos. En un campo de altura uno se siente en otra realidad, sin apenas contacto con la vida real. Lo cotidiano allí no es otra cosa que una plataforma tallada en la nieve o el hielo, una tienda ultraligera en la que dos personas se hacinan embutidos en sacos de pluma, un hornillo y un recipiente para fundir nieve. Crampones, piolets y mochilas ocupan el ábside del refugio, un lugar tan claustrofóbico como necesario. Esperar un rescate en un lugar dónde los helicópteros no vuelan es, sencillamente, mucho esperar.
El lunes, dos alpinistas suizos de vanguardia, Ueli Steck y Simon Anthamatten, alcanzaron el campo base de la vertiente sur del Annapurna (8.091 metros) espantados por los aludes que corrían por la vía que pretendían escalar. En esa parte del mundo sólo estaban ellos y, mucho más arriba, en una vía distinta, el grupo de Iñaki. En Katmandú, recién llegado de una expedición, el kazajo Dennis Urubko (una de las estrellas del himalayismo actual) disfrutaba del sueño hasta que un cocinero sherpa le despertó implorando su ayuda. Al amanecer, volaba junto a otro ruso y un norteamericano camino del Annapurna. Todo por Iñaki, sin preguntas, pagando a escote de su bolsillo la estratosférica tarifa del helicóptero. Generoso, para una persona que cobra del ejército de su país 50 dólares mensuales. El martes los suizos Steck y Anthamatten juntaban todas las medicinas que pudieron hallar en el campo base y se lanzaban a la carrera montaña arriba. El miércoles, alcanzaban el campo 3, a 6.900 metros. Ayer, sólo Steck pudo llegar hasta la tienda de Iñaki, a 7.400 metros. Sólo entonces el rumano Horia, aquejado de un principio de edema pulmonar, y en el límite de sus fuerzas, se avino a despedirse de Iñaki. Más allá de la simple compañía, Horia había derretido sin desmayo nieve, preparado sopa e infusiones, todo para hidratar a su amigo e impedir que su sangre se espese. Los médicos no saben a qué atribuir exactamente los problemas de Iñaki: edema cerebral, trombosis, embolia… pero saben que todo lo que sirva para diluir su sangre le permitirá seguir con vida. Ayer, Steck le administró Edemox y Dexametasona. Para su sorpresa, Iñaki le reconoció y mostró signos de gratitud. ¡Cómo no iba a reconocerlo Iñaki, una enciclopedia del alpinismo!
Si existe un equipo de rescate solvente en el mundo, éste es el que se ha concentrado en el Annapurna por puro azar, pero por Iñaki, un navarro que ha participado en numerosos rescates himaláyicos. En 2003, el que esto firma sufrió un principio de edema cerebral a 6.000 metros, justo por encima del Muro Kinshofer, en el Nanga Parbat (8.125 m). Asustado ante los primeros signos y temiendo los efectos de la noche, no quise esperar al día siguiente y empecé a vestirme en silencio para descender. No osaba pedir ayuda, involucrar a nadie. Para cuando, entre vómitos, me até el primer crampón, Iñaki, mochila a la espalda solicitaba ayuda y me esperaba para bajar. Nos llevó horas recorrer los 2.000 metros de desnivel que nos separaban del campo base. No ví ni un solo signo de contrariedad en su actitud.
A Iñaki le saludan con la misma energía en Pamplona y en Katmandú. Pudiendo haber escogido una vida corriente, un libro de montaña, regalo de su padre, le cambió el camino. Treinta años después, sigue con idéntica ilusión, perdido en la ciudad cuando no se encuentra en el Himalaya o entrenándose para regresar a sus montañas.
Los que conocen al kazajo Dennis Urubko, saben que hoy viernes alcanzará pase lo que pase la tienda de Iñaki. Otro ídolo que viene a verle, pensará. Si las medicinas hacen su efecto e Iñaki puede al menos caminar, todo será más sencillo. Si no, es seguro que no le dejarán allí, que darán con la manera de conducirlo hasta el campo base para completar uno de los rescates en el Himalaya más complejo, solidario y emotivo que se recuerda.

Por: Oscar Gogorza
Foto: Iñaki en el Annapurna en 2007

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Viernes, 23 de Mayo de 2008
Fallece Iñaki Ochoa de Olza


No pudo resistir más… Iñaki Ochoa de Olza Seguín ha fallecido hoy a las 8.45 horas (12.30 horas en Nepal) en la pared sur del Annapurna. Junto a él se encontraba el suizo Ueli Steck quien ayer alcanzó la tienda de Iñaki establecida en el campo IV tras una vertiginosa ascensión desde el campo III. Iñaki llevaba cinco noches a más de 7.400 metros de altura afectado por una grave lesión cerebral, que se ha visto complicada en las últimas horas por un edema pulmonar. Según afirmaba a primeras horas de la mañana el Diario de Navarra, el fatal desenlace fue comunicado al centro de coordinación del rescate por el rumano Horia Colibasanu, quien acompañó y trató a Ochoa de Olza durante cuatro noches antes de verse obligado a descender por problemas de salud (posible edema pulmonar). El suizo Ueli Steck le relevó tras dejar en el campo III a su compatriota, Simon Anthamattenn, y realizar una fugaz ascensión hasta la tienda de Iñaki. Tras pasar la noche junto a Ochoa de Olza, Ueli comunicó que se encontraba aquejado por un edema pulmonar además de por una grave lesión cerebral, por lo que comenzó a tener graves problemas respiratorios hasta que finalmente su organismo no resistió más. Los intentos del montañero suizo por reanimarle mediante masaje cardiorespiratorio no dieron resultado.
A tan solo cuatro horas el kazajo Denis Urubko se apresuraba de forma casi desesperada desde el campo II (6.900 metros) por intentar llevarle oxígeno artificial a Iñaki.
Ueli Steck, Simon Anthamattenn y Denis Urubko no eran más que aprte del impresionante dispositivo de rescate que se desplegó en torno al navarro. Una vez más la respuesta desinteresada e inmediata, e incluso en ocasiones arriesgada de cara a la integridad física de los participantes del rescate, ha sido increíble. Por eso, y según señalaba de anteriormente citado diario navarro: “la máxima prioridad de la familia y de los amigos es el que todos los montañeros implicados en el rescate puedan descender con la máxima seguridad de regreso al campo base. Más aún cuando las condiciones de la pared se han complicado con una tormenta de nieve”.
Campobase se une al dolor de la familia, amigos y resto de montañeros que han visto como la fatídica mañana del 23 de mayo de 2008, Iñaki Ochoa de Olza nos dejaba.

Descanse en paz


Iñaki Ochoa de Olza (Pamplona, 29/05/1967 - 23/05/2008)

Fuente: Diario de Navarra


miércoles, 18 de marzo de 2009

Vacaciones Santillana

Bueno, el texto no es mío y en algunas cosas no estoy de acuerdo con él, pero en el fondo de la cuestión sí. Por lo tanto, os lo dejo para que reflexionemos un poquito. Desde luego, me atrevo a opinar que la mayoría de los males que padece la sociedad actual vienen de nuestra forma de educar (o de no educar) a nuestros jóvenes y por eso me parece un tema prioritario. Que cada uno saque sus conclusiones y se mire su ombliguito buscando su parte de culpa.


Vacaciones Santillana
(José María García Linares)

Es alentador comprobar, para un docente, el altísimo grado de implicación que la sociedad y el Estado españoles están demostrando en las últimas semanas en materia de educación. Qué orgullo al abrir los periódicos y encontrar todo el debate reducido a la lucha Religión/Educación para la Ciudanía, o lo que es lo mismo, como siempre en estas tierras, Partido Popular/Partido Socialista (o estás con nosotros o estás contra nosotros), o encontrarlo también centrado en el largo periodo vacacional de los profesores y los alumnos. Sí señor. Cuestiones de primer orden. Eso es lanzarse a la piscina, nunca mejor dicho, y empaparse hasta las cejas.

Qué rabia me daba de pequeño ir al colegio. No era yo como estos niños postmodernos de hoy en día que se aburren en sus casas y están locos por ver a sus amiguitos en el recreo. No. Yo, en caso de verlos, prefería hacerlo en el parque, en el Club o en la playa. Al aire libre, en grandes espacios, corriendo, saltando y sin muros ni verjas ni señores mayores que te contaban lo mismo que podías leer en esos libros, salvo contadas excepciones que lograban captar tu atención y llevarte de aquí para allá en un viaje fascinante. Cuando llegaba el mes de junio, ya tenía esa cosilla en mi estómago cada vez que veía el cielo azul o sentía esa luz melillense tostadita en el cogote al pasear por la Avenida. Olía a verano, a paz, a felicidad. En los escaparates, esos cuadernillos espantosos de Santillana para repasar y divertirse (por Dios) en julio y agosto. A mis hermanas y a mí no nos hacían falta, que ya estaban nuestro padres poniéndonos todos los días cuentas y copias, para que no se nos secara, a pesar de los chapuzones, la mollera.

El pasado día cinco de febrero el diario El País publicaba un artículo titulado Demasiadas vacaciones en donde se criticaba no sólo las de los profesores, sino también el poco número de días lectivos de los estudiantes. Algunos proponían ahí alargar el final del curso, otros adelantar su comienzo y, como telón de fondo, el problema que tienen los padres actualmente para conciliar su vida laboral con la familia, al parecer responsabilidad de los centros y no de sus empresas, esto es, qué diantres hago con la niña-molestia cuando le den las vacaciones. ¿A dónde la mando? Y leía estas argumentaciones mientras hacía la cola en el Ayuntamiento para recoger un certificado. De cuatro mostradores, sólo funcionaba uno. Hay que ver lo que tardan en servir los desayunos en las cafeterías.

Las vacaciones de nuestros jóvenes son distintas a la de los chicos y chicas de otros países, algo evidente porque aquí no se puede tener a treinta estudiantes metidos en un aula sin cortinas y sin aire acondicionado a finales de junio. El calor es insoportable. Comparar esta situación con la finlandesa o la sueca es poco provechoso. Pero es que a principios de septiembre la temperatura, al menos en el sur de España, es igual, agobiante. Los que piden adelantar el comienzo al día uno del mismo mes olvidan también que en esas fechas están los exámenes de recuperación y que las plantillas de profesionales están incompletas. Lo que escuece de todo este asunto es que el debate haya saltado nuevamente a los medios por motivos que nada tienen que ver con la enseñanza. Las familias quieren tener los centros más tiempo abierto para tener allí aparcaditos y cuidaditos a sus criaturas (que, curiosamente, son suyas. Algunos lo olvidan). Y digo aparcados porque da igual que aprendan más o menos (casi nadie trae la tarea hecha), que no haya ordenadores, que haya saturación, que las ratios sean elevadísimas, que falten recursos de todo tipo. Lo que importa, lamentablemente, es que estén allí vigilados porque así no estarán fuera, solos, de ahí la propuesta de varias CCAA de tener los colegios e institutos abiertos por las tardes, o casi de madrugada. La docencia tiene una función fundamental y valiosísima, si se deja ejercerla: la de enseñar. Todo lo que se salga de ese marco no es tarea de los docentes.

Tal y como se están poniendo las cosas, un alumno puede llegar a su colegio a las siete de la mañana, en régimen de acogida temprana, recibir sus seis horas de clase, comer a las dos y media y realizar las actividades extraescolares hasta las seis de la tarde, supuestamente controlados por personal distinto al de los profesores, nos dicen los expertos. Esto huele a podrido. Todos estos pedagogos, presidentes de no sé qué, coordinadores de no sé cuánto que, o están liberados o no han dado clase en su vida, ¿no tienen nada que decir sobre el hecho de tener a un chico encerrado diariamente casi doce horas en un centro? La solución a los problemas sociales no la tiene en exclusividad la escuela. ¿El Estado no va a hacer nada para que los empresarios flexibilicen los horarios y turnos de sus trabajadores, para que puedan disfrutar de sus hijos? Ya está bien de echar sobre la enseñanza todas las responsabilidades sociales. A este paso, en cinco años, estaremos presentes en los partos para registrar la llegada de un nuevo alumno y evitar el fracaso neonato y el absentismo en las incubadoras.

domingo, 15 de marzo de 2009

Te escribo estas líneas...

Ya sé que me decís que los artículos de este blog son muy largos y que no son fáciles de leer (por temas de tiempo). Pues yo os digo que la "prisa mata" y que hay que leerlos en varias veces. Para mi son importantes: son reflexiones de Mar de sus primeros viajes a África y, como me gusta cómo escribe y se prodiga poco en cultivar ese talento, he decidido recoger los pocos escritos que tiene. Este es la recopilación de una serie de cartas que se escribieron ella y su amigo Josito, una vez que volvimos de un viaje fallido a los campos de refugiados de Tindouf. Para mi (no soy muy objetivo) son muy interesantes:


Querido amigo:

Transcurridas unas semanas desde nuestra última aventura africana, te escribo estas líneas para, juntos, rememorar aquellos días.
Desde esta distancia, los recuerdos de la aventura pasada impregnan mis sentidos de colores blancos, azules y dorados, de un sabor a madera joven, de sonidos casi imperceptibles y de olores a mar y arena.

Este viaje era diferente a los anteriores, pues a la aventura se acompañaba una buena dosis de solidaridad y apoyo humanitario. El objetivo era llegar a los campos de refugiados Saharauis en Tinduf. Ocho mil kilómetros. Dieciséis días, atravesando Marruecos para, desde Mauritania, subir por la franja del Sahara Occidental (entre Mauritania y Marruecos) tierra celosamente custodiada por el Frente POLISARIO y peligrosamente amenazada por el ejército marroquí.

El reclamo nos vino a través de una revista. La idea de llevar ayuda humanitaria a los campos de refugiados de Tinduf nos sedujo desde un principio. Solo me bastó hacerte una insinuación para que tu espíritu aventurero despertase; ya no te conformabas con leer las crónicas de mis viajes, quisiste vivir en tu pellejo las experiencias y sensaciones que te contaba a mi vuelta de aquellos.
Y así, tres “todo terrenos”, seis amigos madrileños (tres pilotos y tres copilotos), partimos hacia Sevilla, allí nos reuniríamos con el resto de los coches (once coches venidos desde Cataluña, Aragón, Asturias, Valencia, Guadalajara… y los dos sevillanos que constituían “la organización”).


Querida Mar:
me dijiste que había una plaza de copiloto libre. No lo pensé ni un momento. No pregunté nada. África siempre me ha seducido. No sé si porque es la cuna de la humanidad, y uno tira siempre a los orígenes, o por sus gentes que conservan cosas que acá hemos perdido, o por las imponentes noches de luna nueva e infinitos guiños de luceros en el desierto, o por la inmensidad serena de sus desiertos salpicados de dunas moldeadas por un viento que esculpe voluptuosamente la arena, o vaya usted a saber por qué..
Había acabado un curso muy duro y llevaba varios años sin vacaciones. Lo que me proponías era la mejor excusa para preparar los macutos y emprender un viaje bajo las banderas de la solidaridad y la aventura. Quizá por ello no eché en falta la más mínima información de "la organización" (las comillas están bien puestas) y fui siguiendo vuestros consejos: pasaporte, antitetánica, seguro de repatriación, "fichés"... y, sobre todo, mucha ilusión y ganas de disfrutar con entornos nuevos, gente diferente y la expectativa de aliviar un poquito las calamidades del sufrido pueblo saharaui.
Compré un mapa de Africa y en vano trataba de trazar sobre él la ruta. Tan pronto era Almeria-Argel, como Tarifa-Tanger. Mi talante aventurero me hizo desdeñar esos "detalles". No hay nada tan tranquilizador como la ignorancia. El paso de los días me haría entender más. Hoy, con más distancia, lo veo aún más claro. Pero no precipitemos la historia.
Pocos días antes, en el Fosters Hollywood, conocí al resto de los componentes del comando expedicionario, incluido Toni, el que sería mi piloto a bordo de su Toyota Land Cruiser D4D (creo que lo escribo bien; a mí con estos cacharros me pasa lo que a ti, me basta con saber donde tienen el contacto).
Llegado el día D, gracias a un completo (¡y tanto!) listado que me pasó por email Fran, pude preparar mi impedimenta, botas militares de caña alta, botas de trekking, plumas, GPS portatil.... etc. Si no es por mi hijo, que se llevó más de un injustificado gruñido por mi parte, no logro cerrar las cremalleras del petate... Sin duda no caí que era una expedición estival y para sorpresa de mi piloto me presenté con poco menos que todo el ajuar... ¡de invierno!
En efecto, tras dormir poco y con los nervios de los niños la noche antes de su primera excursión, llevé todo el petado equipaje a bordo de mi flamante Citröen BX 19D, año 1985, que, puestos a mostrar pedigree, el mío tendrá más años pero no tiene menos letras que los 4X4 de estos chicos. ¡Ah! Y cuenta con equipamiento no de serie (¿de que suena esa palabra?) que evita todos los radares: es incapaz de pasar los 100km/h cuesta abajo.
Así las cosas, emprendí reposado viaje hacia Sonseca donde había quedado con Toni. Allí estaba él, con Blanca, su mujer y... una inmenso carro repleto de toda suerte de artilugios que Toni pacientemente me fue presentando: aquí las eslingas, allí los grilletes, este el cable de toma del cabrestante, ese el termostato de la nevera, aquella la ducha... Yo iba saludando tímida y cortésmente a todas las piezas sin saber que días más tarde tendríamos ocasión de intimar bastante más. Casi sin darme cuenta estaba ya con la llave del coche ostentosamente colgada al cuello, auténtico rito de consagración de copiloto novato. "No te separes de ella", me dijo solemne el piloto. "Y vigila que no se deje el pasaporte en cualquier sitio", me susurró su esposa mientras se despedía de él...


En un hotel de Sevilla nos reunimos con el resto de la expedición. No conocíamos a nadie, y allí comenzaron los primeros contactos: primero el nombre, seguido de los apellidos, esto es, tipo de coche y experiencia en viajes africanos. A medida que recorríamos el parque móvil del hotel y examinábamos los once coches con sus pilotos y copilotos, notaba en los nuestros (mi FRAN, JUANQUI y TONY) cierta arruga de preocupación. Apenas oí los susurros entre ellos: “no vienen preparados”-chascaba la lengua FRAN. -“¿Alguien les ha informado de las condiciones del terreno al que nos enfrentamos?”-se preguntaba TONI recorriendo con la mirada los coches. Tú y Yo, ajenos a estas preocupaciones y emocionados con los preparativos, íbamos de un coche a otro saludando, admirando cómo se preparaban los que serían nuestros compañeros de viaje. Allí, sobre el pavimento, amontonaron numerosos paquetes y bolsas que debíamos repartir entre todos los coches. Era la ayuda humanitaria que llevábamos al pueblo Saharaui refugiado: ropa, material escolar, medicamentos. ¿Qué podía fallar? Representantes del FRENTE POLISARIO tenían conocimiento de nuestra llegada, llevábamos salvoconductos y un guía que se uniría a nosotros en MAURITANIA y nos conduciría por zonas seguras hasta nuestro objetivo. El paso de la aduana por Tánger hasta Rabat es más para echarla en el olvido que para narrarla. Doce horas probaron nuestra paciencia y buen talante. Los siguientes dos días fueron una sucesión de averías en los coches, que íbamos solventando con suerte y pericia. Del despego y vacuidad mostrados por “la organización” emergió una sensación de inquietud que rápidamente se convirtió en la certeza de que estábamos solos, sin respaldo y/o cobertura organizativa. Estarás de acuerdo conmigo, querido amigo, que quizá por ser más novatos, el resto de los expedicionarios bajaban fieles y confiados, ajenos al peligro que podía suponer miles de kilómetros sin combustible y agua por el desierto. En un principio, esta situación provocó en nuestros tres pilotos tensión y desasosiego, más la experiencia y el ánimo aventurero que los caracterizan lo transformó en decisión y gusto por una aventura que comenzaba escrita con renglones torcidos. “¡Que buen vasallo, si tuviera buen Señor!”, reza el viejo romance castellano del Mío Cid. ¡Qué buena gente formaba el grupo! Veinticinco Quijotes, venidos de diferentes puntos de España, ávidos de aventura, pero también deseosos de ser útiles, de aliviar en poco o en nada a aquella gente doliente, olvidada. Cincuenta grados sobre una arena ardiente y un viento lacerante. Coches que se atascan, se hunden en la arena, y los tres mosqueteros de Madrid (porque así nos llamaban) ora sacan al Terrano, ora al Toyota, ninguno debe quedar, todos o ninguno, y el sol implacable va cobrando sus víctimas… pocos se dan cuenta de que “la organización” va en cabeza, contando chistes andaluces, quizá para no oír la llamada de auxilio. Por la noche, algunos duermen: el día ha sido agotador; otros intentan, en vano, calentar un caldo. El viento arrecia. Los ojos, entrecerrados, apenas podemos abrirlos, mientras masticamos una mezcla de salchichas con arena intrusa. Sólo JUANQUI parece darse cuenta de que SAAD, nuestro guía, no ha cenado. Un poco alejado del grupo, como para no molestar, sentado en la arena, observa. No ha traído nada. Ha venido con las manos vacías. Le invitamos a nuestra mesa y, cortésmente, acepta nuestro caldo aderezado con arena, pero no nuestras salchichas. -¡Es cerdo!–, explica. Nuestro cerebro recalentado tarda en comprender y farfullar una disculpa.

Querida Mar:
coincido tanto en las apreciaciones de tu última carta que no dedicaré tiempo a glosarlas. Me queda la memoria del hotel de Sevilla y el famoso "briefing" que nunca llegó para explicarnos con detalle el viaje y los cambios habidos. Recuerdo con humor la noche en que, sin duda por las previsoras gestiones de la organización, Tony y yo tuvimos que dormir ¡en cama de matrimonio! Para tu tranquilidad te diré que pernoctamos como los matrimonios mal avenidos: cada uno mirando a un lado del tálamo conyugal. Estábamos al principio de la aventura. Daba gusto contemplar tanta ilusión en todos los que animosamente se iban incorporando a la aventura con cuerpos aún descansados (rostros todavía bien rasurados de los hombres y cutis con recuerdos recientes de maquillaje en las chicas) y, sobre todo, espíritus prestos a la aventura. Yo alucinaba con los coches y todos sus complejos archiperres. Aprovechaba para ensanchar pecho como copiloto ante quien, admirado ante los artilugios de nuestro flamante 4x4, preguntaba acerca de su utillaje, explicándolo como mejor podía: la cocina tiene un tapavientos que...., el toldo lateral..., pues la ducha.... Se me han escapado muchos detalles, pero no puedo olvidar la calurosa espera del paso del estrecho, aliviada por los toldos, un aceptable servicio de suministro gratuito de agua y, sobre todo, la camaradería. Igualmente, la llegada a Rabat y los primeros km. de asfalto en un Marruecos que parece irse desarrollando económicamente, sobre todo a juzgar por... el concesionario Nissan que tocó visitar enseguida al GR que patroneabais a causa de la avería que tuvo.
Solucionada in extremis la avería, continuamos viaje hacia Rabat no sin advertir el buen lote de radares móviles adquiridos por la Gendarmería Real para controlar el tráfico en las principales carreteras del norte del país. A propósito, en uno de los pueblos, ya que no "puntos", sí nos clavaron 400 dirham por exceso de velocidad (medido a ojo, sospecho). Aunque el "municipal" en un gesto de solidaridad para con los "hermanos españoles" optase por "rebajar" a la mitad la suma, eso sí, quedándose él con la parte correspondiente, mientras que con pasmoso cinismo, sin duda bien entrenado, hacía los famosos gestos del simio que no ve, no oye y no habla. Recuerdo también la entrada al Sahara, los primeros atranques de los coches, la ilusión de primerizo por sacarlos del aprieto. Rebaje de arena de los bajos, eslingazo, cabrestante y, a lo peor, las planchas de aluminio bajo las ruedas. No te ocultaré que cuando la operación se iba reiterando, sobre todo si había más de 50 grados, la inicial ilusión se tornaba en cierto desasosiego cada vez que alguien quedaba tirado. Al coche de Tony, mi piloto, lo empezaron a llamar el "coche nodriza". Veloz acudía en auxilio de quienes tenían dificultades prestando toda la ayuda técnica y mecánica precisa. No es mi mundo el de los coches, ni el del 4x4, pero la parte aventurera prometía. Ya te anticipo que la otra, la de encuentro con otras gentes, con otra cultura, el acoger lo que tienen que decir (antes de dar) y, a la postre, compartir lo que pomposamente llamamos en el Norte "ayuda humanitaria" me resultó bastante decepcionante. Para serte sincero, sin retirar lo anterior, quizá compensó aquella noche de desierto y conversación abierta y amistosa hasta las tantas de la madrugada con Saad, nuestro guía en la zona liberada por el Frente Polisario. Imperceptiblemente, en animada y sincera conversación, tratando de lo divino y de lo humano, acabamos bastante alejados del campamento militar. Pero esta noche tan interesante será motivo especial de una próxima carta. Un beso y hasta la tuya. Josito


A SAAD, nuestro guía, le conocimos e incorporamos a nuestro grupo en la ciudad mauritana de Nouadhibou. De vez en cuando interrumpe nuestras chanzas y comentarios por la emisora para recordarnos que no debemos mencionar datos de nuestro recorrido… los marroquíes están al acecho y nuestro paso por aquellas tierras debe pasar desapercibido. Solo más tarde sabremos que no es un simple guía. SAAD ha sido durante tiempo representante del FRENTE POLISARIO en varios países. Por motivos personales se ha retirado de la militancia activa.
SAAD calla y observa. No puede pronunciarse, es un simple guía contratado por la organización, pero él comienza a tomar partido, reconoce el valor, la entrega a los demás y la admiración por esta tierra... acepta nuestra comida y compañía.
Esa noche en la tienda de campaña me siento abatida. No sé si podré soportar tres días más como éste. Mi pelo es una maraña de nudos y arena, y el cuerpo una mezcla de sudor y tierra. He soportado bien los cincuenta grados abrasadores. He ayudado en los atascos de los coches como uno más. El resto de las mujeres se negaron a salir de los coches, y las que lo hicieron sufrieron golpes de calor que las dejaron noqueadas todo el día. Pero por la noche me siento abatida, cierro los ojos e intento no pensar en mañana; pienso en tu manía de dormir al aire libre, bajo las estrellas. Con la ventisca de arena que tenemos no sé si te encontraremos. FRAN se ha colocado unas gafas de soldador para proteger sus ojos de la arena; le oigo desde la tienda bromear y hablar con unos y con otros; no sé si es para animarse o para animar a los demás: ha sido también un día muy duro para él…
El descanso nos ha venido bien a todos. Iniciamos la marcha con mejor ánimo. El JEEP rompe la transmisión, el Kía Sportage los amortiguadores: ella está asustada, él se pregunta cómo lograr terminar el viaje en esas condiciones. FRAN, TONI y JUANQUI hablan con el grupo, hay que quitarle todo el peso y repartirlo entre los demás. De nuevo no hay peros, todos responden como uno.
Ralentizamos la velocidad. El combustible escasea. No existe repostaje cada doscientos kilómetros como nos anunció la organización. Confiamos en encontrarlo en el primer cuartel POLISARIO ya no lejos de nosotros.
Llegados al primer emplazamiento POLISARIO ( tres barracones formando un circulo) nos acogen con cordialidad y nos ofrecen lo poco que tienen. Pero lo poco que tienen para nosotros es un tesoro. La cisterna con agua y el barracón para la ducha que en otra ocasión nos daría reparo y rechazo ahora me provocan lágrimas de agradecimiento. Después del baño veo las cosas diferentes, incluso la falta de combustible y la imposibilidad de obtenerlo allí no nos desquicia y divide. Debemos proseguir nuestro camino; en el próximo cuartel nos aseguran que habrá repostaje.
Nos despedimos de aquel puñado de hombres sin comprender de dónde les nace la esperanza de poder lograr en un futuro próximo la reconquista de estas tierras. Su tierra. Su infraestructura es paupérrima, su número exiguo. Han esperado en vano ayuda internacional al conflicto con Marruecos. Sus hijos han sido enviados a las universidades europeas y americanas para su formación. Quieren un país libre, habitado por hombres libres y preparados. La ONU ha fracasado, el referéndum no llega. La tela de araña tejida por Marruecos va cubriendo esta tierra prosperando día a día su colonización…estas consideraciones nos mantienen mudos durante varios kilómetros.
Llegados al segundo puesto militar ( más grande e importante que el primero) no nos cabe duda que obtendremos combustible. Conocen el objetivo de nuestro viaje y nos informan que en la población de TAFARITI, cerca de Tinduf, hay una recepción esperándonos. Gente venida andando desde cuatrocientos kilómetros esperan nuestra llegada.
Llevamos, a penas, treinta minutos en tierra y comienzan los problemas. Definitivamente no podremos llegar hasta Tinduf; de hacerlo deberíamos pasar la frontera Argelina, sello en el pasaporte que nos acarrearía problemas de entrada en Marruecos. Por lo tanto nuestro objetivo final sería TAFARITI, lugar donde depositaríamos la ayuda humanitaria transportada. El segundo problema que se plantea es el combustible…¿se nos garantiza el combustible de vuelta?.
La organización conversa con el jefe del puesto alrededor de un té. SAAD, nuestro guía, no se rinde, ora habla por teléfono ora con el mando del puesto. Nosotros, mientras observamos de reojo dichas maniobras, visitamos las instalaciones, entre las que se encuentra un recién construido hospital ( aún no en activo) con ayuda española.
La organización nos reúne a todos augurándonos un negro futuro. No se nos garantiza combustible para la vuelta, y si lo hubiera no se nos garantiza el precio del mismo, el cual podría ser desorbitado dada la evidencia de nuestra necesidad. La organización nos recomienda darnos la vuelta. Dejar en este puesto la ayuda humanitaria transportada y desandar lo andado recalando en alguna playa.
Como si de un mazazo se tratara, nos quedamos sin sangre en las venas. Las caras de mis compañeros eran un poema de decepción: la de la pareja de médicos que transportaban las medicinas; la de los de Carabanchel que transportaban material escolar; los que traían equipamiento deportivo… seguidamente se atropellan las preguntas en nuestra boca ¿cómo es posible? ¿no se nos había garantizado combustible, seguridad?...
SAAD reaparece y nos comunica que en una hora tendremos combustible suficiente para llegar a TAFARITI. El transvase del preciado líquido a nuestros coches es todo un espectáculo de arte rudimentario. El espectáculo realmente triste es el ofrecido por el sevillano a la hora de pagar al comerciante sus oxidados y abollados bidones precariamente llenos de gasoil. Su regateo y adusto gesto ronda la ofensa, su conclusa versión acerca del carácter “taimado de todos los moros” hace que me avergüence y no pueda sostener la mirada de SAAD. Mi siempre generoso FRAN zanja la cuestión dando una buena propina (que seguirán todos los demás) a nuestro proveedor.
Por la noche, después de cenar el Tallin de cordero con el que generosamente nos han invitado nuestros anfitriones, estalla el motín.
El negro panorama con el que nos ilustra la organización hace que la mayoría de los compañeros no quieran seguir. El miedo al desastre en medio de aquella vasta y ardiente tierra les hace decidirse a seguir a la organización de regreso. Nosotros tres no queremos regresar, pero tampoco tenemos capacidad para transportar toda la ayuda humanitaria, amén de carecer de guía. La decepción está pintada en la cara de todos.
Hacemos saber que nuestros tres coches se desmarcan de la organización y que seguiremos el viaje por nuestra cuenta ( FRAN lleva un recorrido alternativo en su ordenador ¿ tal vez desde el principio tuvo dudas del éxito de este viaje?, nunca deja de sorprenderme). Dormimos dentro del acuartelamiento, en el patio, al raso, bajo una manta de estrellas.
Al día siguiente, son cuatro coches más los que se unen a nosotros, los de la organización nos miran de reojo. Toda la ayuda humanitaria que transportábamos es depositada ( bajo inventario) en el puesto militar, ellos se encargarán de hacerla llegar a su destino. SAAD nos pide una conversación privada. Nos manifiesta su enojo, decepción y tristeza por como se han desarrollado los acontecimientos. Se siente ofendido por los sevillanos, su pueblo ha sido ofendido, cuestionando su palabra. Los saharauis sabían de nuestra llegada, nos esperaban en TAFARITI -¿cómo podéis pensar que os íbamos a dejar desamparados en nuestra tierra? –pregunta.
Y efectivamente, él no nos deja desamparados. Ha hablado con el jefe del puesto militar. No van a dejarnos solos por su tierra, nos ha procurado un guía entre los militares del acuartelamiento. Nos orientará por zonas seguras hasta nuestra entrada a MAURITANIA. La vergüenza y agradecimiento se mezclan en el abrazo que le damos de despedida. Nos ruega que le informemos cuando estemos en tierra Marroquí.
–No estaré tranquilo hasta que no me llaméis- ruega.
Nos despedimos del resto de la expedición, nos veremos el día 14 en LAAYOUNE, subiendo hacia ESPAÑA. Ya no somos los tres mosqueteros, nos han vuelto a bautizar. El polvo que las ruedas de los siete magníficos levantan al marcharse van desdibujando la silueta de los que se quedan atrás.
Lo que aconteció en las jornadas siguientes es motivo para una nueva crónica, baste decir que se sucedieron días inolvidables de camaradería y belleza. Pequeñas aldeas destartaladas, niños descalzos de grandes sonrisas, valles y parajes de belleza impresionante, oasis escondidos, la incomparable ciudad santa de CHINGUETTI Patrimonio de la Humanidad (7ª ciudad santa del Islam), kilómetros y kilómetros de playas solitarias habitadas por grandes mamíferos marinos varados en sus arenas, poblados de pescadores junto a hileras de cayucos, hombres jóvenes saliéndonos al paso pidiéndonos que los lleváramos a la tierra prometida…e inconmensurables puestas de sol.
Quiero, amigo mío, quedarme en este punto de mi narración, y conservar en mi memoria estos últimos recuerdos. Lo demás, el reencuentro y la despedida solo lo salva la generosidad y buena disposición de veinticinco hombres y mujeres que quisieron, y no pudieron por unos días reencarnarse en “el otro”.
Un abrazo fuerte como el mundo.
Mar

Querida Mar:
ahorraré reiterar detalles ya narrados por ti. Me quedo con lo más positivo de lo que cuentas: la noche en el Campamento del Polisario, después de una tarde desagradable en plan Gran Hermano, fruto de la desorganización y la paradójica desconfianza que por parte de la "organización" se nos inoculaba hacia nuestro buen guía Saad. En fin, resumiendo mucho, para mí el viaje mereció la pena por tres razones.
La primera, por haber podido hablar con Saad largas horas de madrugada, caminando lejos del campamento una noche de luna llena, explicándome cómo se orientan sin GPS los nómadas en el desierto, intimando con detalles de la vida personal y familiar de cada cual que obviamente no detallaré aquí, y expresándome los anhelos y las esperanzas del Frente Polisario, cargado de años de abandono y sufrimiento de los que, por cierto, no debiéramos sentirnos ajenos. Me maravilló la capacidad de encuentro que tenemos los seres humanos cuando dejamos fluir lo mejor de nosotros mismos, cuando sacamos lo que nos vincula y aparcamos y miramos con humor lo que nos distancia. Que bien se entendían su Alá y mi Dios cuando se superan las miopías y los prejuicios. Él musulmán suní y yo cura católico en fraternal encuentro personal a la luz de la luna, en una interminable y profunda conversación. Sin duda, Saad, interlocutor de gran hondura humana, espiritual y cultural, era bastante más que un simple guía. La efectividad de su gestión en medio del desierto, para, en poco más de media hora, poner a nuestra disposición 1000 litros de combustible, lo acreditaba como alguien con auténtica solvencia personal en la zona liberada. De ahí su perplejidad por nuestra renuncia a los objetivos del viaje y su dolor por la inevitable escisión que provocó el episodio de la falta de gasoil. "En el desierto no se abandona ni al enemigo. Es como las leyes del mar". Se ve que esas elementales normas de humanidad se nos han ido olvidando en Occidente y por eso necesitamos tantos y tan farragosos Códigos para protegernos de nosotros mismos. La segunda experiencia imponente fue el volver por toda la línea de costa, literalmente pegados al mar desde Mauritania y todo Marruecos -todo África del Norte Occidental-. Y hacerlo desde el mirador de excepción que es la baca del Toyota Tonytero experimentando a la par la brisa del Atlántico, la inmensidad de este Océano y los desiertos de arenas cambiantes: ora rojizas, ora blancas... Confieso que al mismo tiempo que disfrutaba de este paisaje estremecedor, no dejaba de sacudirme la conciencia lo que se contemplaba por estribor cada vez que nos aproximábamos a zona de pescadores: decenas y decenas (¿centenares?) de cayucos y decenas y de decenas de pescadores en condiciones miserables. No hace falta mucha capacidad para ponerse en el lugar del otro para entender su frenético impulso por subirse a cualquier cosa que flote y buscar una vida mejor. El contraste entre nuestros potentes coches, las rodadas sobre las playas vírgenes y una pobreza con tan pocas expectativas resultaba a menudo hiriente. Sobre, todo sabiendo que bastaría con abrir sólo un 1% más nuestros mercados a sus productos para que la imparable curva del declive revirtiese. Por eso, ya desde aquí, con compañeros africanos y otros con muchos años en ese continente, se iluminan algunos errores movidos por la buena voluntad. Por ejemplo, que es un fallo garrafal darles caramelos, que no forman parte de su mala dieta habitual, que precipitan sus caries y... allí no hay dentistas accesibles, y torna a los niños en insufribles pedigüeños. Que puestos a regalar -casi nadie lo aconseja por los negativos cambios comunitarios que introduce- es mejor regalar fruta... Que las ayudas puntuales, salvo emergencia vital, suelen resultar contraproducentes, que son necesarios programas que cuenten con los interesados... En fin, no es ahora el momento de detallar un Código de buenas prácticas, pero sí que me venía a la memoria, algo que escribí hace años, referido a peores intenciones, insistiendo en distinguir entre ONG sin-ánimo de lucro y ONG sinónimo de lucro; como diría el Sanz, suena parecido, pero "no es lo mismo". La tercera experiencia positiva es la riqueza cultural que integra ese nosotros colectivo del que nunca debimos despegarnos que es la humanidad. Pensando que el hombre, blanco y europeo es el ombligo del mundo nos cerramos a una preciosa diversidad (con sus matices, naturalmente). Reconozco que del viaje volví un poco harto de la pretenciosa prepotencia del hombre blanco, de su machismo latente o patente, de su falta de respeto a otras culturas, de su afición a resolverlo todo con dinero. Me sorprendió, por el contrario, la educación extremada de las clases populares marroquíes, la dignidad moral, la capacidad de sufrimiento, y el idealismo de los saharauis, la acogida y hospitalidad de los mauritanos, su forma entrañable y sincera de nombrarnos "hermano español"... las ganas de todos por vivir y salir del atolladero. Me quedo, por fin, con la "boda" en Laayoune que muchos se siguen preguntando si fue de verdad (¡pues claro que sí!) y con lo mejor de todos y cada uno de los que formamos parte de la expedición (sin excluir a nadie). En todo caso, mereció la pena el viaje que me permite poner lugares, colores, olores, ¡incluso nombres! a lo que antes era tan sólo una mancha marrón clarito en el plano de un continente prácticamente desconocido. Seguro que volveré, pero en muy otro plan. Un beso. Josito