viernes, 20 de marzo de 2009

IÑAKI OCHOA DE OLZA


Miércoles, 21 de Mayo de 2008
Iñaki Ochoa sigue en el Campo 4 en estado grave


Según afirma el Diario de Navarra, el montañero navarro Iñaki Ochoa de Olza sigue vivo, aunque en estado grave, en el campo 4 del Annapurna, a 7.400 metros de altitud. Se encuentra acompañado por el rumano Horia Colibasanu, compañero de expedición y quien está asistiéndole en todo momento. Iñaki se encuentra aún en estado de semiinconsciencia, lo que le imposibilita el caminar por si solo. El tercer miembro de la expedición, el ruso Alexei Molotov, de quien no se sabía nada desde el pasado lunes, desciende desde el campo 4 hasta el campo 3 aquejado al parecer de edema pulmonar.
A la delicada situación a la que se enfrenta Iñaki, hay que sumarle las dificultades ocasionadas por las adversas condiciones climatológicas que se están dando en la zona, y la circunstancia de que se agotaron las baterías de los teléfonos satélites, imposibilitando toda comunicación con el exterior.
Sin embargo, mientras Iñaki y Horia esperan en el campo 4, la respuesta del mundo de la montaña ante este incidente ha sido inmediata. La solidaridad existente en la montaña quedó patente cuando a las pocas horas de conocerse la noticia dos de los montañeros más en forma del panorama actual, los suizos Ueli Steck y Simon Anthamatten, no dudaron ni un instante y se lanzaron inmediatamente al rescate desde el campo base para dormir en la pared y tratar de encontrar al navarro, al rumano y al ruso.
Ueli y Simon son dos montañeros con gran experiencia, perfectamente aclimatados (acaban de abrir una ruta en la cara norte del Tengkangpoche) y que se encontraban también en la cara sur al renunciar a la norte por el riesgo de aludes.
En paralelo a esa iniciativa, el ruso Sergei Bogomolov -líder de la expedición rusa que compartió campo base con Ochoa de Olza hasta hace apenas una semana, y en la que estaba integrado Molotov- organizó otro pequeño grupo de rescate pese a estar ya en Katmandú.
Igualmente, el canadiense Don Bowie -integrante inicial de la expedición de Ochoa de Olza y Horia Colibasanu- se brindó también a colaborar. De hecho, preveía desplazarse hoy mismo en helicóptero desde la localidad de Pokhara al campo base.

Fuente: Diario de Navarra
Foto: Colibasanu y Ochoa de Olza, en el campo base de la cara sur del Annapurna a los pocos días de haber llegado el pasado marzo.
Autor foto: NAVARRA8000.COM

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Viernes, 23 de Mayo de 2008
El rescate 'soñado' de Iñaki Ochoa


“No me hago ilusiones. Si algún día me da un mal por ahí arriba, allí me quedaré”. Iñaki Ochoa de Olza siempre habla claro, sobre todo a sus allegados, a los que nunca ha pretendido engañar acerca de su vida de himalayista. Treinta expediciones después, el navarro está donde nunca quiso estar: en manos de un pequeño grupo de rescate. Del mejor grupo de rescate. El lunes, un dentista rumano de nombre Horia Colibasanu sollozaba en el interior de una tienda de campaña, a 7.400 metros, sosteniendo en sus manos un recipiente con sopa, implorando, lejos de todo, desesperado. Tendido en la tienda, Iñaki seguía semiinconsciente: en cuestión de segundos había pasado de hablar por teléfono con su familia a desplomarse entre vómitos. En un campo de altura uno se siente en otra realidad, sin apenas contacto con la vida real. Lo cotidiano allí no es otra cosa que una plataforma tallada en la nieve o el hielo, una tienda ultraligera en la que dos personas se hacinan embutidos en sacos de pluma, un hornillo y un recipiente para fundir nieve. Crampones, piolets y mochilas ocupan el ábside del refugio, un lugar tan claustrofóbico como necesario. Esperar un rescate en un lugar dónde los helicópteros no vuelan es, sencillamente, mucho esperar.
El lunes, dos alpinistas suizos de vanguardia, Ueli Steck y Simon Anthamatten, alcanzaron el campo base de la vertiente sur del Annapurna (8.091 metros) espantados por los aludes que corrían por la vía que pretendían escalar. En esa parte del mundo sólo estaban ellos y, mucho más arriba, en una vía distinta, el grupo de Iñaki. En Katmandú, recién llegado de una expedición, el kazajo Dennis Urubko (una de las estrellas del himalayismo actual) disfrutaba del sueño hasta que un cocinero sherpa le despertó implorando su ayuda. Al amanecer, volaba junto a otro ruso y un norteamericano camino del Annapurna. Todo por Iñaki, sin preguntas, pagando a escote de su bolsillo la estratosférica tarifa del helicóptero. Generoso, para una persona que cobra del ejército de su país 50 dólares mensuales. El martes los suizos Steck y Anthamatten juntaban todas las medicinas que pudieron hallar en el campo base y se lanzaban a la carrera montaña arriba. El miércoles, alcanzaban el campo 3, a 6.900 metros. Ayer, sólo Steck pudo llegar hasta la tienda de Iñaki, a 7.400 metros. Sólo entonces el rumano Horia, aquejado de un principio de edema pulmonar, y en el límite de sus fuerzas, se avino a despedirse de Iñaki. Más allá de la simple compañía, Horia había derretido sin desmayo nieve, preparado sopa e infusiones, todo para hidratar a su amigo e impedir que su sangre se espese. Los médicos no saben a qué atribuir exactamente los problemas de Iñaki: edema cerebral, trombosis, embolia… pero saben que todo lo que sirva para diluir su sangre le permitirá seguir con vida. Ayer, Steck le administró Edemox y Dexametasona. Para su sorpresa, Iñaki le reconoció y mostró signos de gratitud. ¡Cómo no iba a reconocerlo Iñaki, una enciclopedia del alpinismo!
Si existe un equipo de rescate solvente en el mundo, éste es el que se ha concentrado en el Annapurna por puro azar, pero por Iñaki, un navarro que ha participado en numerosos rescates himaláyicos. En 2003, el que esto firma sufrió un principio de edema cerebral a 6.000 metros, justo por encima del Muro Kinshofer, en el Nanga Parbat (8.125 m). Asustado ante los primeros signos y temiendo los efectos de la noche, no quise esperar al día siguiente y empecé a vestirme en silencio para descender. No osaba pedir ayuda, involucrar a nadie. Para cuando, entre vómitos, me até el primer crampón, Iñaki, mochila a la espalda solicitaba ayuda y me esperaba para bajar. Nos llevó horas recorrer los 2.000 metros de desnivel que nos separaban del campo base. No ví ni un solo signo de contrariedad en su actitud.
A Iñaki le saludan con la misma energía en Pamplona y en Katmandú. Pudiendo haber escogido una vida corriente, un libro de montaña, regalo de su padre, le cambió el camino. Treinta años después, sigue con idéntica ilusión, perdido en la ciudad cuando no se encuentra en el Himalaya o entrenándose para regresar a sus montañas.
Los que conocen al kazajo Dennis Urubko, saben que hoy viernes alcanzará pase lo que pase la tienda de Iñaki. Otro ídolo que viene a verle, pensará. Si las medicinas hacen su efecto e Iñaki puede al menos caminar, todo será más sencillo. Si no, es seguro que no le dejarán allí, que darán con la manera de conducirlo hasta el campo base para completar uno de los rescates en el Himalaya más complejo, solidario y emotivo que se recuerda.

Por: Oscar Gogorza
Foto: Iñaki en el Annapurna en 2007

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Viernes, 23 de Mayo de 2008
Fallece Iñaki Ochoa de Olza


No pudo resistir más… Iñaki Ochoa de Olza Seguín ha fallecido hoy a las 8.45 horas (12.30 horas en Nepal) en la pared sur del Annapurna. Junto a él se encontraba el suizo Ueli Steck quien ayer alcanzó la tienda de Iñaki establecida en el campo IV tras una vertiginosa ascensión desde el campo III. Iñaki llevaba cinco noches a más de 7.400 metros de altura afectado por una grave lesión cerebral, que se ha visto complicada en las últimas horas por un edema pulmonar. Según afirmaba a primeras horas de la mañana el Diario de Navarra, el fatal desenlace fue comunicado al centro de coordinación del rescate por el rumano Horia Colibasanu, quien acompañó y trató a Ochoa de Olza durante cuatro noches antes de verse obligado a descender por problemas de salud (posible edema pulmonar). El suizo Ueli Steck le relevó tras dejar en el campo III a su compatriota, Simon Anthamattenn, y realizar una fugaz ascensión hasta la tienda de Iñaki. Tras pasar la noche junto a Ochoa de Olza, Ueli comunicó que se encontraba aquejado por un edema pulmonar además de por una grave lesión cerebral, por lo que comenzó a tener graves problemas respiratorios hasta que finalmente su organismo no resistió más. Los intentos del montañero suizo por reanimarle mediante masaje cardiorespiratorio no dieron resultado.
A tan solo cuatro horas el kazajo Denis Urubko se apresuraba de forma casi desesperada desde el campo II (6.900 metros) por intentar llevarle oxígeno artificial a Iñaki.
Ueli Steck, Simon Anthamattenn y Denis Urubko no eran más que aprte del impresionante dispositivo de rescate que se desplegó en torno al navarro. Una vez más la respuesta desinteresada e inmediata, e incluso en ocasiones arriesgada de cara a la integridad física de los participantes del rescate, ha sido increíble. Por eso, y según señalaba de anteriormente citado diario navarro: “la máxima prioridad de la familia y de los amigos es el que todos los montañeros implicados en el rescate puedan descender con la máxima seguridad de regreso al campo base. Más aún cuando las condiciones de la pared se han complicado con una tormenta de nieve”.
Campobase se une al dolor de la familia, amigos y resto de montañeros que han visto como la fatídica mañana del 23 de mayo de 2008, Iñaki Ochoa de Olza nos dejaba.

Descanse en paz


Iñaki Ochoa de Olza (Pamplona, 29/05/1967 - 23/05/2008)

Fuente: Diario de Navarra


2 comentarios:

Ire and Silence dijo...

Todo el ejemplo de persona: Humanismo, , compromiso social, dignidad, bondad, libertad, compañero y hermano, amigo y lealtad. Ante todo, cumplidor de sus sueños, vividor al límite, aventurero sin igual y mejor alpinista.

Descanse en Paz.


Siempre lo hará donde él quiso hacerlo.

Franloksli dijo...

¡Hola Silence!
qué alegría leerte en mi Blog. Me llena de orgullo. Hace mucho que no te veo y te echo de menos por Trotamontes. Comparto todas tus palabras y ojalá podamos un día parecernos un poquito al gran Iñaki. Por lo menos veo que somos dos los que nunca le olvidaremos y, por lo tanto, no estará muerto.
Un beso muy fuerte de Fran