jueves, 16 de abril de 2009

Mi 43 cumpleaños en Ordesa


(Si quieres ver la descripción completa y pormenorizada de esta ruta accede al siguiente enlace: http://www.trotamontes.org/marcocoladecaballo.htm)

Mi padre dice que nunca puedo hacer nada normal... Je, je, creo que tiene razón, aunque el concepto de lo "normal" para cada persona es un mundo.
El caso es que en la celebración de mi 43 cumpleaños (el 28 de marzo, para todos los mamones que no me felicitaron: Abe, Jesu, Juanlu, Rosita, Miki, etc.) decidí subir con mi Mari Mar a Ordesa y pasar noche en el refugio de Goriz.
El fin de semana amenazaba rayos, truenos y centellas. De hecho, íbamos a subir con Javalín, Rosalía y David Rubio y lo suspendimos por el mal tiempo anunciado. Pero, como de algo tiene que valer el ser un Aries empedernido, decidí subir a pesar de los avisos climatológicos.
Así, la expedición compuesta por Mar y "el cabezón" salió para Ordesa el viernes 27 de marzo de 2.009 para hacer noche en Torla, el pueblecito más cercano a las praderas de Ordesa.
Como no están los tiempos para excesos, pasamos la noche en un hostal un poco cutre, pero para compensar decidimos darnos un homenaje cenando en el restaurante El Duende, que se cena de órdago a la grande, pero ganándolo.
La idea era dormir la noche siguiente en el refugio de Goriz (Iban Urbieta 974341201), por lo que cargamos nuestros macutos con los pertrechos para pasar dos días fuera.
Con las prisas de los preparativos me dejé la cámara de fotos en casa por lo que nada más llegar a Torla busqué una tienda de souvenirs y compré una cámara de esas de usar y tirar. Lo malo es que las fotos que hace también son para tirar...
Pero, en fin, es lo que tiene usar la cabeza sólo para llevar cada vez más pelo.
Tempranito por la mañana desayunamos en ese pedazo de hostal que dejó mis huesos más molidos que la arenilla de tapioca.
Sobre las 9 y media de la mañana ya partíamos de las Praderas de Ordesa en dirección a Cola de Caballo. Me decidí por la margen izquierda del río Arazas y la nieve ya hacía su aparición con intermitencia.
La ruta, de unos diez kilómetros sólo de ida, asciende suave pero constantemente y nos penalizaba mucho lo cargados que llevábamos los macutos. Mar subía como una campeona, sin quejarse, a pesar de que nos desviábamos en todas las bifurcaciones para acercarnos a todos los miradores, los saltos de agua, las cuevas... Recorridos unos 3 ó 4 kilómetros la nieve abundante ya nos acompañó a lo largo de todo el trayecto.
La verdad es que, observándonos con detenimiento, parecíamos dos montañeros de épocas distintas: Mar llevaba sus botas de montaña más viejas que la orilla del río, su macuto del pleistoceno, sus palos del Decathlon (que se rompieron) y sólo se concedía el lujo de un softshell que yo le regalé hace un par de años. Por lo general se niega a cambiar su viejo material por otro moderno (más que nada porque es de la Virgen del puño prieto y más agarrada que una garrapata con sed...); yo, por el contrario, suelo llevar material de última generación y lo más pintón y de colorines posible.
Quizá una de las mejores cosas del día fue que apenas nos topamos con un par de parejas de montañeros, debido a lo desagradable del tiempo. Aunque no nos podemos quejar mucho porque, a pesar del día gris, frío y desapacible, apenas nos llovió y nevó (durante la ida, la vuelta ya fue otra historia).
El camino es una auténtica maravilla, sobre todo en invierno, cuando el agua es abundante y las cascadas fluyen generosas y salvajes; además, tuvimos la fortuna de ver una manada de Sarrios (Rebecos) ya muy cerca de Cola de Caballo.
Cuando estábamos en el Circo de Soaso, ya muy próximos a Cola de Caballo, nos encontramos tres montañeros que regresaban y me paré a hablar con ellos (¡qué raro!). Me dijeron que habían intentado subir a Goriz y que era imposible sin crampones y piolets.
¡Vaya, primer contratiempo, no porque no lo imagináramos! Yo llevaba crampones, pero Mar no. Como nada detiene mi cabezonería, y Mar no se queda atrás, decidimos tirar a pesar de los pesares: un tentempié rápido en la cascada y para arriba por el GR-11.
Pero la cosa empezó a pintar mal: comenzaba a nevar y la niebla se iba espesando que daba gusto (bueno, mejor miedo, para ser honestos).
Ascendíamos un poco desorientados pues no se veían los hitos con las marcas rojas y blancas de GR y desconocíamos el camino. Para colmo el GPS no me cogía cobertura: es como mi suegra, cuando la necesitas está desconectada o fuera de cobertura.
Los neveros y ventisqueros que se comían el camino comenzaron con una pendiente soportable, pero a medida que ascendíamos se iban volviendo más largos, más pronunciados y más resbaladizos.
Con mis botas atómicas yo iba haciendo peldañitos para que Mar pudiera pasar sin contratiempos, aunque con algo de miedo y nervios. En un momento dado me puse los crampones para ir más seguro, pero decidí quitármelos para ir en las mismas condiciones que Mar y porque se sucedían con demasiada frecuencia pasos de roca con neveros, que hacían demasiado torpe la ascensión y nos retrasaban al tener que quitar y poner esos aparatos del infierno. ¡Para colmo, los malditos me rajaron mis pantalones de cordura que tanto quiero...!
Hubo momentos de mucha tensión y ya Mar ni hablaba y, para más inri, cada vez hacía más frío y nevaba más. Eso por no olvidarnos de la niebla, que se iba espesando según ascendíamos.
El desnivel que hay que salvar desde Cola de Caballo hasta el refugio de Goriz es de 600 m, pero la distancia es muy larga debido a lo que serpentea el GR-11 por sendas muy abruptas.
La gota que colmó el vaso fue un ventisquero casi vertical que se comía el camino. La entrada estaba muy mal y el tramo a recorrer debía de ser de unos 35 metros. Además, un torrente de agua se deslizaba por debajo del mismo dando la impresión de ser bastante inseguro. Ponía la carne de gallina, pero aún no estaba decidido a rendirme. Desoyendo todas las recomendaciones del "manual del buen montañero" y sin crampones me adentré en la superficie helada y resbaladiza y, uno a uno, comencé a excavar pequeños huecos donde fueran cupiendo mis pies, para lentamente ir adentrándome en la amenazadora superficie que me advertía con despedirme montaña abajo (ya habíamos ascendido unos 400 de los 600 m).
Mar lo pasó fatal con sus botas pleistocénicas y su palo decathloniano y la tensión se mascaba en el ambiente pues el camino empeoraba con rapidez.
Otro tramo de rocas nos llevó a un nevero aún más largo y vertical, y en ese momento el sentido común se impuso: una pequeña charla sobre la nochecita que nos esperaba si no éramos capaces de llegar al refugio (sin tienda, ni termoaislantes, ni ropa adecuada) y las consecuencias que podría tener una caída en ese nevero acabaron con la valentía y la cabezonería de este aries venido a menos.
La luz había ido menguando con rapidez y un hormigueo en el estómago me avisaba de que nos estábamos pasando tres pueblos y que habíamos tentado a la suerte en demasiadas ocasiones. Un vistazo al GPS me indicó que nos faltaban casi 3 kms. para llegar al refugio y que había que superar aún un desnivel de 200 m, los peores sin duda.
Con la rabia y la impotencia contenidas, decidimos dar media vuelta y afrontar de nuevo todos los obstáculos que ya habíamos salvado, ¡pero esta vez de bajada!
Lo único bueno que, por lo menos, los escaloncitos ya estaban hechos en los neveros.
Al más puro estilo Trotamontero yo decidí bajar por la nieve helada dejándome deslizar confiando en mis botas y en los palos que llevaba. Mar optó por el camino más conservador a través de los pasos rocosos.
El descenso, aunque algo delicado en ocasiones, fue rápido y en poco tiempo estábamos en la seguridad del Circo. ¡Ahora sólo faltaba desandar los 10 kilómetros que nos separaban de las Praderas y, por tanto, del coche!
Debían ser las 4:00 del mediodía -calculo que ya llevámos más de 15 kilómetros recorridos- y comenzaba a llover como si le debiéramos dinero al Dios del agua y la lluvia.
Como lo todo lo recojo en mi GPS me acordaba que había un pequeño refugio de madera a unos 3 kilómetros del Circo, por lo que decidimos ir allí a descansar y a comer algo (del canguelo y los nervios todavía no habíamos comido).
Mientras reponíamos fuerzas bajo el techo del angosto refugio, helados y doloridos, la lluvia caía con más fuerza y amenazaba con amargarnos el trayecto de vuelta.
En un principio habíamos decido volver por la Senda de los Cazadores, pero el imprevisto cambio de planes y de climatología nos aconsejó volver por el camino más rápido y seguro.
No me voy a detener en el tedioso e inacabable camino de vuelta: baste decir que recorrimos los 10 kilómetros en menos de dos horas, de las ganas que teníamos de llegar al coche.
Una vez en él, aseados y cambiados, acordamos volvernos para Madrid. ¡Allí ya no se nos había perdido nada! Decidimos cambiar la noche romántica en Goriz por un cine y unas palomitas al día siguiente (aún no sabía que mi jefe me iba a llamar y me iba a enviar a Vitoria a la mañana siguiente, pero esa ya es otra historia...).
En cuantito hubo cobertura en la carretera de montaña que baja de las Praderas a Torla paré para llamar a Iban al refugio y decirle que no habíamos conseguido subir. Me lo agradeció enormemente (a veces los montañeros somos muy insolidarios y no tenemos esos pequeños detalles) porque estaban un poco preocupados y me preguntó si había visto subiendo a alguien más. ¿Subiendo?, le dije, pero si lo ha intentado un rebeco y ahora está en una residencia de ancianos con el pelo totalmente blanco y con 20 años más encima...
Esto es to, esto es to, esto es todo Amigos. ¡Hasta la siguiente chapa que pienso meteros en breve y que será una pequeña aventura por el Zoco de Marrakech!

5 comentarios:

Abe dijo...

Vamos a ver "montañero" y aún así amigo este año que has cumplido ¿te has merecido mi felicitación? es más en estos 43 años ¿cuándo te has merecido mi felicitación?
Juraría (pero porque soy ateo) que no te he felicitado nunca tu cumpleaños al menos el día 28 de marzo ¿o sí? Y ahora te pones "tiquismiquis" porque llevé un retraso de 20 días ¿? No hay un Dios que te entienda, en fin yo te iba a felicitar el 28 de Abril que para mí es tu "cumpleaños" ahor ay a me has quitado la ilusión ¡¡buaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
¡¡Felicidades Carcamal!!
Por cierto en el puente de Mayo ¿onde andas?
Un saludo.

Franloksli dijo...

Ji, ji, Abelitor, ahora que lo dices tienes rsazón: si la verdad es que no me has felicitado en mi cumpleaños en tu puta vida... Como voy a esperar, ahora que te has hecho mayor, que te acuerdes de mi onomástica (creo que onomástica viene de masticar, por lo que se zampa en las dichosas celebraciones). En fin, que sabes que a ti nunca te la guardo, pero que te has perdido el convite, mamoncete.
El puente de mayo estoy de Rodríguez (Mar se va a Mauritania y Rodri con su padre) y estoy deseando tener algún plan. Si es contigo y tus secuaces, mejor que mejor. Espero noticias, tron.

Ciudadano Kane dijo...

Buen, bueno. Menuda aventura. Os felicito a los dos por la ruta y la vivencia. Un claro ejemplo de querer es poder independientemente del tiempo que haga, siempre que sea seguro.

Y lo digo por que es envidiable el espíritu que pones a todo.
Sigue así compañero :)

Franloksli dijo...

Gracias, Rubi. Nunca olvides que eres parte de ese espíritu pues también me motiva mucho tu creatividad y la profesionalidad que pones en todo lo que haces. Tus proyectos enseguida los hago míos y me apasionan desde el principio. Ojalá podamos seguir trabajando muchos años juntos.
Nos vemos en el siguiente evento o encima de nuestras "burras".
Un abrazo, compañero.

Ire and Silence dijo...

Adoro Ordesa. Una pena que no llegárais al refugio de Góriz y el tiempo. Aún así hicísteis genial en salir, eso siempre se agradece.
Ya que el pateo, os lo llevásteis.

Y lo del siguiente repor, a ver qué cuelgas, si es del Zoco... Cualquier cosa me espero jajaja

Un abrazo, y quizá si vaya a Urbión, hasta mañana no lo podré saber con seguridad aún... Soy un caso, para qué mentir.


Hasta prontooo!