sábado, 18 de abril de 2009

Marrakech: la verdad y toda la verdad...

Nuestra querida ONG, Amigos x África, que Mar y yo fundamos junto a otros amigos, ha estado esta Semana Santa inaugurando unos pozos de agua en la localidad de Ouzina, en el sur de Marruecos junto a la frontera de Argelia. Como quiera que por temas de trabajo no pude asistir, decidimos reunirnos con el grupo en Marrakech. Así que el 7 de abril de 2009 Mar y yo tomábamos un avión de EasyJet rumbo a esa mágica ciudad. Podría poner aquí un montón de datos sobre su historia, arquitectura, gentes, etc., pero eso se puede encontrar en cualquier página de Internet. Por lo tanto, creo que es mejor recoger mis impresiones personales y mi escasa experiencia en esa ciudad, a pesar de haber estado en ella en más de media docena de ocasiones.

Para ser honestos debo comenzar diciendo que yo soy un apasionado de Marruecos, pero odio sus grandes ciudades. En ellas se aglutina todo lo mejor y peor de este fascinante país. Lo peor: el caos, el ruido, un tráfico infernal, personas interesadas sólo en tu dinero, todo caro para el turista, etc. Si alguien ha conocido Marrakech hace 15 años se dará cuenta del drástico cambio que se ha producido en la ciudad. Ha perdido parte de su sabor, de su magia, para reconvertirse al turismo, en el peor sentido de la palabra. Sobre todo en lo que se refiere a su mítica plaza Jemaa el Fna. Antes era una plaza infernal de tráfico, de sanos pillastres, de cientos de bulliciosos y variados puestos, con “marcha” marroquí hasta las tantas de la mañana. Impresionaba transitar por ella a media noche. Ahora está cerrada al tráfico para no “molestar” al turista y sus puestos con monos, serpientes, pesca de la botella, dentaduras postizas, están dedicados a la caza y captura del euro o dólar de los incautos visitantes. Ellos, los marroquíes, ya apenas visitan esa plaza y el otro día un amigo me contaba el lamentable espectáculo de una plaza desierta a las 11 de la noche, ¡¡en plena semana Santa!! Con la ilusión que había depositado él en su primera visita a Marrakech…


Me había olvidado de lo mejor de la ciudad y por lo que considero que todo el mundo debe visitarla al menos una vez en su vida: el caos, el ruido, el bullicio, su impresionante y venido a menos Zoco, sus palacios, sus mezquitas, sus gentes, casi siempre mezquinas aunque muy graciosas, su cansinos regateos… Sí, lo se, es contradictorio pero las cosas malas se solapan con las buenas consiguiendo una ciudad de contrastes, contradictoria muchas veces en las sensaciones que te inspira y, por lo tanto, muy diferente a las ciudades de la Vieja Europa.

Con la autorización de mi jefe y amigo Adrián, de O2 Aventura, mi misión allí consistía en organizar un juego por la ciudad para que el grupo de expedicionarios pudiera conocerla de una manera más profunda y diferente. Para ello les proporcioné una serie de mapas de Google Earth con unos puntos (Waypoints) marcados en una serie de lugares de interés. Al llegar a cualquiera de ellos (la estrategia, es decir, el orden en que debían encontrarse, la marcaba cada grupo competidor) debían hacer una foto para demostrar que habían estado y contestar una pregunta preestablecida sobre el sitio en cuestión. También había fotos especiales y pruebas especiales que debían superarse. Cada Waypoint, cada foto y cada prueba tenían una puntuación específica y ganaba el grupo que más puntos consiguiera dentro del tiempo establecido para el juego.


Nada más llegar al aeropuerto y pasar el tedioso trámite de la aduana, con el papel blanco relleno y el pasaporte sellado, ya tienes que empezar a regatear con los taxistas. Si coges los que están a la puerta del aeropuerto, nada más salir, suelen tener una tarifa fija de 150 Dirham (15 euros). Si subes a la zona de arriba, con más taxis, ya puedes regatear otra tarifa (una amiga lo sacó por 80 Dh, ¿verdad Silence?).
Otra elección difícil es la del alojamiento: yo recomiendo encarecidamente los Ryad que están dentro del Zoco, en la parte vieja de la ciudad. ¿Y qué es un Ryad, os preguntaréis? Pues es una casa o palacete viejo rehabilitado; como una especie de turismo rural, pero a lo urbano. Por lo tanto, lo hay de muchos niveles: supercutres y baratos para mochileros y de lujo para auténticos sibaritas. Baratos y sencillos los hay muchos, pero yo os voy a recomendar uno para pasar un fin de semana inolvidable, en plan romántico de que te cagas. Se trata del Ryad Zouina, que está relativamente cerca de la plaza de Marrakech. En temporada baja cuesta unos 90 € por habitación y en temporada alta unos 120 €, pero incluye el desayuno y el transporte desde le aeropuerto. ¡No os arrepentiréis de la inversión! Lo que pasa es que cualquier hotel de 4**** ya vale más y no tienen la misma calidad que en España. Si preferís un hotel decente a unos 80 € habitación doble yo os recomiendo los que están en la zona de la Avenue du Président Kennedy, a unos 20 min. andando a la Plaza por avenidas anchas sin pérdida. Os podéis alojar sin complejos en el Hotel Golden Tulip Farah o en el Hotel kenci farah Marrakech. Un taxi desde uno de estos hoteles a la plaza no os puede costar más de 40 Dh (a los lugareños les sale por 15 Dh). Ahí veréis vuestra habilidad para regatear.
No puedo daros la lista de las cosas a visitar, porque sería interminable y los que escriben guías de viajes también tienen que comer. Pero lo que si que puedo daros es una lista de waypoints con sitios imprescindibles y chulos. Vosotros sólo tenéis que meterla en un GPS y poneros a buscarlos como locos por la ciudad. Os aseguro que vais a dar más vueltas que una peonza, pero que disfrutaréis como niños y que conoceréis la ciudad vieja a fondo. Si además sois capaces de meter esos waypoints en un mapa de Google Earth como el que veis podréis orientaros por la ciudad sin ningún problema.


Después de casi 15 años viajando por el norte de áfrica, y con unas cuantas cagaleras a mis espaldas, ya no soy de los que le gusta meterse en sitios de mala muerte a comer para sentirme integrado con la gente local. Prefiero buscar sitios de calidad con comida también fiable. Por eso tengo que recomendaros un sitio eminentemente turístico, pero que tiene mucho encanto y en el que se come bien y barato, algo ya difícil de encontrar en Marruecos. Se trata del "Restaurante Les Premices" en la parte sureste de la Plaza Jemaa el Fna. Tiene dos encantadoras terrazas que dan a la Plaza y desde las que se puede saborear el devenir de los comerciantes. Os aconsejo comer y cenar en la misma terraza para observar lo diferente que puede ser la Plaza durante el día y la noche.


Otra cosa que no me gusta nada de Marrakech es regatear. Al igual que en otras zonas de Marruecos es un arte y un placer, donde el tiempo no cuenta y con una libreta para hacer las ofertas y delante de un buen té a la menta cierras "un buen negocio" (nunca haces un buen negocio porque tú siempre pierdes, pero como decimos los que ya hemos regateado mucho: si sales a gusto con el artículo y con lo que has pagado por él no hay que darle más vueltas), en Marrakech les pierden las formas y su avaricia. Casi siempre sales cabreado de los puestos y si no les convence el precio que le ofreces a veces te insultan o te echan. Por eso no suelo ir a Marrakech como un turista: disfruto de la ciudad, de los olores y colores, de los paseos, pero prácticamente no compro nada. Eso lo dejo para otras zonas de Marruecos. Comprar allí es como comprar en los puestos de souvenirs de la Plaza Mayor: a ningún madrileño se nos ocurre. Pero si te decides a practicar el noble arte del regateo, alejáte lo más posible del centro de la Plaza. Busca en las callejuelas alejadas y conseguirás mejor trato y mejor precio.

Desde tiempos inmemoriales los zocos se articulan en torno a oficios. Así pasa en el de Marrakech, aunque cada vez más se van mezclando las tiendas. Así, hay un mercado de las aceitunas, de las babuchas, de las especies (están en una plaza que era el antiguo mercado de los esclavos y hay un café muy típico llamado "Café des èpices", donde merece la pena pararse a tomar un té o un buen zumo de naranja natural), de las gallinas (os invito a descubrirlo y a soportar su olor durante unos minutos), de los tintoreros, de los artesanos de metales, o de los artesanos de la madera de cedro, de tapices, etc.


Otra cosa muy curiosa y que me gusta mucho son las antiguas fondas de caravanas. Son casas articuladas en torno a un patio central (como una corrala), donde en tiempos se dejaban los animales de las caravanas mientras los comerciantes se alojaban en las viviendas de los pisos superiores. Ahora son centros de artesanía (al estilo de mini polígonos industriales) donde conviven los talleres y tiendas de artesanos, sobre todo del metal y la madera. Los hay muy cutres, pero también los hay muy cuidados y ornamentados. Hay algunos (cada vez se está poniendo más de moda) en los que un artesano te hace un colgante ¡¡trabajando con los pies!!. Olores aparte, es muy curioso y muy cachondo...

De siempre, aunque se van perdiendo las costumbres por el "bienestar" de los turistas, el mercado de los tintoreros y los curtidores ha sido lo más espectacular de los Zocos. Son los espacios donde se tratan, curten y tintan las pieles. Lo que ocurre es que, como el hedor de las pieles en bruto es insoportable (para nosotros, no para ellos) pues tienden a sacarlo fuera del zoco y ya no es tan accesible.
Esta vez nos encontramos a un "amable" ciudadano que nos acompañó fuera del Zoco para llevarnos a la cooperativa de los curtidores (lo hacía desinteresadamente, pero luego quería cobrar él, el que te enseña todo el proceso, el que atienda la pequeña tienda de la cooperativa, el cuñado del primo del que limpia las cubetas y el bisnieto del portero del propietario que cedió los terrenos en el siglo XVIII...). En fin, que solventado el problema doméstico de la economía nos decidimos a disfrutar de la visita (eso sí, Mar se tuvo que introducir, literalmente, dos ramas de menta en las narices para soportar el hedor).
El proceso es curioso: llegan las pieles (de cabra, vaca o camello) con carne adherida y con la cabeza (por eso huele tan mal, a podrido) y se limpian. Luego se introducen en una de las cubetas que tiene cal viva, donde estarán varias semanas. Después, pasan a otra cubeta que está llena de agua con orina y excrementos de paloma, que es como meterlas en amoníaco, donde se terminan de limpiar y ablandar (para ello los jóvenes se meten con los pies desnudos para pisarlas). Luego pasan a otra cubeta que contiene agua con harina para blanquearlas; digamos que actúa como una base para luego aplicarles el color deseado. Como no podía ser de otra forma, los distintos colores se obtiene mediante pigmentos naturales. No me acuerdo muy bien pero del corteza del árbol de mimosa se obtiene el color marrón, de la henna se obtiene el color rojizo, del cool se obtiene el color negro, etc. En total, el proceso de curtido dura más de dos meses. Esta cooperativa se encuentra en muy buen estado porque está financiada por la Unesco y en ella trabajan alternándose unas 14 familias. Por supuesto, la visita a la tienda de la cooperativa es obligada y allí, después de muchas malas caras y burlas, conseguimos un bolso bandolera de piel de camello (la mejor) por 500 Dh (50€), cuando nos empezó pidiendo 1.500 Dh...

Otras cosas que no os podéis perder de Marrakech: la mezquita de la Koutoubia (con su maravilloso minarete, que compite con la Giralda de sevilla), la mezquita de Ben Youssef, la Madraza del mismo nombre, el museo de Marrakech y la cúpula almorávide
(todo esto esta junto, al noreste de la Plaza y a menos de 20 minutos andando), las tumbas Saadianas, el Palacio de la Bahía, el Palais Badii, la Maison du Pacha, los baños públicos, las escuelas coránicas (hay varias, algunas preciosas), etc.

Bueno, como siempre me he enrollado pero sólo pretendía que todo el que vaya a Marrakech por primera vez tenga otro punto de vista distinto al de las típicas guías de viajes. Hasta la próxima chapa y el que necesite ampliar información que lo solicite mediante el oportuno comentario a la entrada.

3 comentarios:

Ire and Silence dijo...

Me gusta lo que cuentas de los mini-polígonos y los curtidores.
Trabajando con los pies!

Una buena y diferente descripción de un Marrakech que a mí, no me entusiasmó tanto como esperaba, he de decirlo...

Ah, y lo del bolso de piel de camello, no lo había oído en mi vida! Aparte, que parecen caros, no?


Un besitoooo!

Ire and Silence dijo...

Por cierto, algún viaje nos tendremos que pegar, lo de la ONG en Mauritania, en cuanto pueda me gustaría colaborar, ir allí, echar una mano, todo lo posible vaya, costeándomelo yo, natural.

Hablamos :)

Franloksli dijo...

¡Hola Marta!
Te echamos mucho de menos en la subida al Urbión. ¡Lo habrías pasado de coña y nos habrías humillado pues fue muy duro!
Me encanta que te haya gustado mi descripción de Marrakech. Sólo pretendía aportar cosas para hacer más placentera la visita a una ciudad ya un poco decadente.
En lo que respecta a Mauritania, espero que algún día puedas venir a conocer el orfanato, pero no va a ser fácil que se pueda ir a colaborar allí, pues pretendemos que se autogestionen solos y es un sitio caro para vivir si eres extranjero.
De momento, hay que empezar conociendo el país y ese es el primer paso.
Un beso de Fran